Capítulo 1 · Dedicatoria a la serenísima princesa doña Catalina de Portugal y Proemio al lector
DEDICATORIA A LA SERENÍSIMA PRINCESA DOÑA CATALINA DE PORTUGAL, DUQUESA DE BRAGANZA, etc. La común costumbre de los antiguos y modernos escritores, que siempre se esfuerçan a dedicar sus obras, primicias de sus ingenios, a generosos monarcas y poderosos reyes y príncipes, para que con el amparo y protección de ellos vivan más favorecidos de los virtuosos y más libres de las calumnias de los maldicientes, me dio ánimo. Serenísima Princesa, a que yo, imitando el ejemplo de ellos, me atreviese a dedicar estos Commentarios a vuestra Alteza, por ser quien es en sí y por quien es para todos los que de su real protección se amparan. Quién sea Vuestra Alteza en si por el ser natural sábenlo todos, no sólo en Europa, sino aun en las más remotas partes del Oriente, Poniente, Septentrión y Mediodía, donde los gloriosos Príncipes progenitores de Vuestra Alteza han fijado el estandarte de nuestra salud y el de su gloria tan a costa de su sangre y vidas como es notorio.
DEDICATORIA A LA SERENÍSIMA PRINCESA DOÑA CATALINA DE PORTUGAL, DUQUESA DE BRAGANZA, etc. La común costumbre de los antiguos y modernos escritores, que siempre se esfuerzan a dedicar sus obras, primicias de sus ingenios, a generosos monarcas y poderosos reyes y príncipes, para que con el amparo y protección de ellos vivan más favorecidos de los virtuosos y más libres de las calumnias de los maldicientes, me dio ánimo. Serenísima Princesa, a que yo, imitando el ejemplo de ellos, me atreviese a dedicar estos Comentarios a Su Alteza, por ser quien es en sí y por quien es para todos los que de su real protección se amparan. Quién sea Su Alteza en si por el ser natural sábenlo todos, no sólo en Europa, sino aun en las más remotas partes del Oriente, Poniente, Septentrión y Mediodía, donde los gloriosos Príncipes progenitores de Su Alteza han fijado el estandarte de nuestra salud y el de su gloria tan a costa de su sangre y vidas como es notorio.✦
El Inca Garcilaso de la Vega abre la edición príncipe de Lisboa (Pedro Crasbeeck, 1609) con su dedicatoria a la princesa doña Catalina de Portugal, duquesa de Braganza, seguida del Proemio al lector, donde declara su propósito: no contradecir a los historiadores españoles, sino servirles de comento y glosa como natural de la ciudad del Cozco que mamó en la leche la lengua general de sus antepasados maternos.
Quan alta sea la generosidad de Vuestra Alteza consta a todos, pues es hija y descendiente de los esclarecidos reyes y Príncipes de Portugal, que, avnque no es esto de lo que Vuestra Alteza haze mucho caso, quando sobre el oro de tanta alteza cae el esmalte de tan heroicas virtudes se debe estimar mucho. Pues ya si miramos el ser de la gracia con que Dios Nuestro Señor ha enriquecido el alma de Vuestra Alteza, hallaremos ser mejor que el de la naturaleza (avnque Vuestra Alteza más se encubra), de cuya santidad y virtud todo el mundo habla con admiración, y yo dixera algo de lo mucho que hay, sin nota de lisonjero, si Vuestra Alteza no aborreciera tanto sus alabanças como apetece el silencio de ellas. Quien haya sido y sea Vuestra Alteza para todos los que de ese Reino y de los extraños se quieren favorecer de su real amparo, tantas lenguas lo publican que ni hay número en ellas ni en los favorecidos de vuestra real mano, de cuya experiencia figurado lo espero recibir mayor en estos mis libros, tanto más necesitados de amparo y favor quanto ellos por sí y yo por mí menos merecemos.
Cuán alta sea la generosidad de Su Alteza consta a todos, pues es hija y descendiente de los esclarecidos reyes y Príncipes de Portugal, que, aunque no es esto de lo que Su Alteza hace mucho caso, cuando sobre el oro de tanta alteza cae el esmalte de tan heroicas virtudes se debe estimar mucho. Pues ya si miramos el ser de la gracia con que Dios Nuestro Señor ha enriquecido el alma de Su Alteza, hallaremos ser mejor que el de la naturaleza (aunque Su Alteza más se encubra), de cuya santidad y virtud todo el mundo habla con admiración, y yo dijera algo de lo mucho que hay, sin nota de lisonjero, si Su Alteza no aborreciera tanto sus alabanzas como apetece el silencio de ellas. Quien haya sido y sea Su Alteza para todos los que de ese Reino y de los extraños se quieren favorecer de su real amparo, tantas lenguas lo publican que ni hay número en ellas ni en los favorecidos de su real mano, de cuya experiencia figurado lo espero recibir mayor en estos mis libros, tanto más necesitados de amparo y favor cuanto ellos por sí y yo por mí menos merecemos.
Confieso que mi atrevimiento es grande y el servicio en todo muy pequeño, si no es en la voluntad; la qual juntamente ofrezco, prontísima para servir, si mereciese servir a Vuestra Alteza, cuya real persona y casa Nuestro Señor guarde y aumente. Amén, amén. EL INCA GARCILASO DE LA VEGA. PROEMIO AL LECTOR. Avnque ha auido Españoles curiosos que han escrito las repúblicas del Nueuo Mundo, como la de México y la del Perú y las de otros reinos de aquella gentilidad, no ha sido con la relación entera que de ellos se pudiera dar, que lo he notado particularmente en las cosas que del Perú he visto escritas, de las quales, como natural de la ciudad del Cozco, que ftie otra Roma en aquel Imperio, tengo más larga y clara noticia que la que hasta ahora los escritores han dado. Verdad es que tocan muchas cosas de las muy grandes que aquella república tuvo, pero escribenlas tan cortamente que aun las muy notorias para mi (de la manera que las dizen) las entiendo mal.
Confieso que mi atrevimiento es grande y el servicio en todo muy pequeño, si no es en la voluntad; la cual juntamente ofrezco, prontísima para servir, si mereciese servir a Su Alteza, cuya real persona y casa Nuestro Señor guarde y aumente. Amén, amén. EL INCA GARCILASO DE LA VEGA. PROEMIO AL LECTOR Aunque ha habido españoles curiosos que han escrito las repúblicas del Nuevo Mundo, como la de México y la del Perú y las de otros reinos de aquella gentilidad, no ha sido con la relación entera que de ellos se pudiera dar, que lo he notado particularmente en las cosas que del Perú he visto escritas, de las cuales, como natural de la ciudad del Cozco, que ftie otra Roma en aquel Imperio, tengo más larga y clara noticia que la que hasta ahora los escritores han dado. Verdad es que tocan muchas cosas de las muy grandes que aquella república tuvo, pero escribenlas tan cortamente que aun las muy notorias para mi (de la manera que las dicen) las entiendo mal.
Por lo qual, forzado del amor natural de la patria, me ofreci al trabajo de escribir estos Commentarios, donde clara y distintamente se verán las cosas que en aquella república auia antes de los Españoles, assi en los ritos de su vana religión como en el gouierno que en paz y en guerra sus Reyes tuvieron, y todo lo demás que de aquellos indios se puede dezir, desde lo más infimo del ejercicio de los vasallos hasta lo más alto de la corona real. Escribimos solamente del Imperio de los Incas, sin entrar en otras monarquias, porque no tengo la noticia de ellas que de ésta. En el discurso de la historia protestamos la verdad de ella, y que no diremos cosa grande que no sea autorizándola con los mismos historiadores Españoles que la tocaron en parte o en todo;
Por lo cual, forzado del amor natural de la patria, me ofreci al trabajo de escribir estos Comentarios, donde clara y distintamente se verán las cosas que en aquella república había antes de los españoles, así en los ritos de su vana religión como en el gobierno que en paz y en guerra sus Reyes tuvieron, y todo lo demás que de aquellos indios se puede decir, desde lo más infimo del ejercicio de los vasallos hasta lo más alto de la corona real. Escribimos solamente del Imperio de los Incas, sin entrar en otras monarquias, porque no tengo la noticia de ellas que de ésta. En el discurso de la historia protestamos la verdad de ella, y que no diremos cosa grande que no sea autorizándola con los mismos historiadores españoles que la tocaron en parte o en todo;
que mi intención no es contradecirles, sino servirles de comento y glosa y de intérprete en muchos vocablos indios, que, como extranjeros en aquella lengua, interpretaron fuera de la propiedad de ella, según que largamente se verá en el discurso de la historia, la qual ofrezco a la piedad del que la leyere, no con pretensión de otro interés más que de servir a la república cristiana, para que se den gracias a Nuestro Señor Jesucristo y a la Virgen María su madre, por cuyos méritos e intercesión se dignó la Eterna Majestad de sacar del abismo de la idolatría tantas y tan grandes naciones y reducirlas al gremio de su Iglesia Católica Romana, madre y señora nuestra. Espero que se recibirá con la misma intención que yo la ofrezco, porque es la correspondencia que mi voluntad merece, avnque la obra no la merezca. Otros dos libros se quedan escribiendo de los sucesos que entre los Españoles, en aquella mi tierra, passaron hasta el año de 1560 que yo sali de ella. Deseamos verlos ya acabados para hazer de ellos la misma ofrenda que de éstos. Nuestro Señor, etc.
que mi intención no es contradecirles, sino servirles de comento y glosa y de intérprete en muchos vocablos indios, que, como extranjeros en aquella lengua, interpretaron fuera de la propiedad de ella, según que largamente se verá en el discurso de la historia, la cual ofrezco a la piedad del que la leyere, no con pretensión de otro interés más que de servir a la república cristiana, para que se den gracias a Nuestro Señor Jesucristo y a la Virgen María su madre, por cuyos méritos e intercesión se dignó la Eterna Majestad de sacar del abismo de la idolatría tantas y tan grandes naciones y reducirlas al gremio de su Iglesia Católica Romana, madre y señora nuestra. Espero que se recibirá con la misma intención que yo la ofrezco, porque es la correspondencia que mi voluntad merece, aunque la obra no la merezca. Otros dos libros se quedan escribiendo de los sucesos que entre los españoles, en aquella mi tierra, pasaron hasta el año de 1560 que yo sali de ella. Deseamos verlos ya acabados para hacer de ellos la misma ofrenda que de éstos. Nuestro Señor, etc.
Fuente del texto original: Texto castellano: Inca Garcilaso de la Vega, Primera parte de los Commentarios reales (Lisboa, Pedro Crasbeeck, 1609), edición príncipe, con las abreviaturas desarrolladas; dominio público, Internet Archive primerapartedelo00vega. El texto se cotejó con ese escaneo. Versión en español actual y notas: Biblioteca Conciencia Activa, Edición 2.0 (2026).