Capítulo 15 · Capítulo XIII. Cómo se vestían en aquella antigüedad
Capítulo XIII: Cómo se vestían en aquella antigüedad. El vestir, por su indecencia, era más para callar y encubrir que para lo dezir y mostrar pintado, mas porque la historia me fuerça a que la saque entera y con verdad, suplicaré a los oidos honestos se cierren por no oirme en esta parte y me castiguen con este disfavor, que yo lo doy por bien empleado. Vestíanse los indios en aquella primera edad como animales, porque no traían más ropa que la piel que la naturaleza les dio. Muchos de ellos, por curiosidad o gala, traían ceñido al cuerpo vn hilo grueso, y les parecía que bastaba para vestidura. Y no pasemos adelante, que no es licito. El año de mil y quinientos y sesenta, viniendo a España, topé en vna calle, de las de Cartagena, cinco indios sin ropa alguna, y no yuan todos juntos, sino vno en pos de otro como grullas, con auer tantos años que trataban con Españoles. Las mugeres andaban al mismo trage, en cueros;
Capítulo XIII: Cómo se vestían en aquella antigüedad. El vestir, por su indecencia, era más para callar y encubrir que para lo decir y mostrar pintado, mas porque la historia me fuerza a que la saque entera y con verdad, suplicaré a los oidos honestos se cierren por no oirme en esta parte y me castiguen con este disfavor, que yo lo doy por bien empleado. Vestíanse los indios en aquella primera edad como animales, porque no traían más ropa que la piel que la naturaleza les dio. Muchos de ellos, por curiosidad o gala, traían ceñido al cuerpo un hilo grueso, y les parecía que bastaba para vestidura. Y no pasemos adelante, que no es licito. El año de mil y quinientos y sesenta, viniendo a España, topé en una calle, de las de Cartagena, cinco indios sin ropa alguna, y no iban todos juntos, sino uno en pos de otro como grullas, con haber tantos años que trataban con españoles. Las mujeres andaban al mismo traje, en cueros;✦
Da cuenta de la rusticidad en el vestido de las poblaciones de la primera edad, que en las tierras frías se cubrían con pieles de animales o esteras de paja brava y en las tierras cálidas andaban desnudos.
las casadas traían vn hilo ceñido al cuerpo, del qual traían colgando, como delantal, vn trapillo de algodón de vna vara en cuadro, y donde no sabían o no querían tejer ni hilar, lo traían de corteza de árboles o de sus hojas, el qual servia de cobertura por la honestidad. Las doncellas traían también por la pretina ceñido vn hilo sobre sus carnes, y en lugar de delantal y en señal de que eran doncellas traían otra cosa diferente. Y porque es razón guardar el respeto que se debe a los oyentes, será bien que callemos lo que aquí auia de dezir; baste que éste era el trage y vestidos en las tierras calientes, de manera que en la honestidad semejaban a las bestias irracionales, de donde por sola esta bestialidad que en el ornato de sus personas vsauan se puede colegir cuán brutales serian en todo lo demás los indios de aquella gentilidad antes del Imperio de los Incas. En las tierras frías andaban más honestamente cubiertos, no por guardar honestidad, sino por la necesidad que el frío les causaba;
las casadas traían un hilo ceñido al cuerpo, del cual traían colgando, como delantal, un trapillo de algodón de una vara en cuadro, y donde no sabían o no querían tejer ni hilar, lo traían de corteza de árboles o de sus hojas, el cual servia de cobertura por la honestidad. Las doncellas traían también por la pretina ceñido un hilo sobre sus carnes, y en lugar de delantal y en señal de que eran doncellas traían otra cosa diferente. Y porque es razón guardar el respeto que se debe a los oyentes, será bien que callemos lo que aquí había de decir; baste que éste era el traje y vestidos en las tierras calientes, de manera que en la honestidad semejaban a las bestias irracionales, de donde por sola esta bestialidad que en el ornato de sus personas usaban se puede colegir cuán brutales serian en todo lo demás los indios de aquella gentilidad antes del Imperio de los Incas. En las tierras frías andaban más honestamente cubiertos, no por guardar honestidad, sino por la necesidad que el frío les causaba;
cubríanse con pieles de animales y maneras de cobijas que hazian del cáñamo silvestre y de vna paja blanda, larga y suave, que se cria en los campos. Con estas invenciones cubrían sus carnes como mejor podían. En otras naciones huuo alguna más policía, que traían mantas mal hechas, mal hiladas, y peor tejidas, de lana o del cáñamo silvestre que llaman cháhuar; traíanlas prendidas al cuello y ceñidas al cuerpo, con las quales andaban cubiertos bastantemente.
cubríanse con pieles de animales y maneras de cobijas que hacían del cáñamo silvestre y de una paja blanda, larga y suave, que se cria en los campos. Con estas invenciones cubrían sus carnes como mejor podían. En otras naciones hubo alguna más policía, que traían mantas mal hechas, mal hiladas, y peor tejidas, de lana o del cáñamo silvestre que llaman cháhuar; traíanlas prendidas al cuello y ceñidas al cuerpo, con las cuales andaban cubiertos bastantemente.
Estos trajes se vsauan en aquella primera edad, y los que dijimos que vsauan en las tierras calientes, que era andar en cueros, digo que los Españoles los hallaron en muy anchas provincias que los Reyes Incas aún no auian conquistado, y hoy se vsan en muchas tierras ya conquistadas por los Españoles, donde los indios son tan brutos que no quieren vestirse, sino los que tratan muy familiarmente con los Españoles dentro en sus casas, y se visten más por importunidad de ellos que por gusto y honestidad propia, y tanto lo rehúsan las mugeres como los hombres, a las quales, motejándolas de malas hilanderas y de muy deshonestas, les preguntan los Españoles si por no vestirse no querían hilar o si por no hilar no querían vestirse.
Estos trajes se usaban en aquella primera edad, y los que dijimos que usaban en las tierras calientes, que era andar en cueros, digo que los españoles los hallaron en muy anchas provincias que los Reyes Incas aún no habían conquistado, y hoy se usan en muchas tierras ya conquistadas por los españoles, donde los indios son tan brutos que no quieren vestirse, sino los que tratan muy familiarmente con los españoles dentro en sus casas, y se visten más por importunidad de ellos que por gusto y honestidad propia, y tanto lo rehúsan las mujeres como los hombres, a las cuales, motejándolas de malas hilanderas y de muy deshonestas, les preguntan los españoles si por no vestirse no querían hilar o si por no hilar no querían vestirse.
Fuente del texto original: Texto castellano: Inca Garcilaso de la Vega, Primera parte de los Commentarios reales (Lisboa, Pedro Crasbeeck, 1609), edición príncipe, con las abreviaturas desarrolladas; dominio público, Internet Archive primerapartedelo00vega. El texto se cotejó con ese escaneo. Versión en español actual y notas: Biblioteca Conciencia Activa, Edición 2.0 (2026).