Capítulo 3 · Capítulo I. Si hay muchos mundos; trata de las cinco zonas
Capítulo I: Si hay muchos mundos. Trata de las cinco Zonas. Auiendo de tratar del Nueuo Mundo, o de la mejor y más principal parte suya, que son los reinos y provincias del Imperio llamado Perú, de cuyas antiguallas y origen de sus Reyes pretendemos escribir, parece que fuera justo, conforme a la común costumbre de los escritores, tratar aquí al principio si el mundo es vno sólo o si hay muchos mundos; si es llano o redondo, y si también lo es el cielo redondo o llano; si es habitable toda la tierra o no más de las zonas templadas; si hay paso de vna templada a la otra; si hay antipodas y cuáles son de cuáles, y otras cosas semejantes que los antiguos filósofos muy larga y curiosamente trataron y los modernos no dejan de platicar y escribir, siguiendo cada qual opinión que más le agrada. Mas porque no es aqueste mi principal intento ni las fiierzas de vn indio pueden presumir tanto, y también porque la experiencia, después que se descubrió lo que llaman Nueuo Mundo, nos ha desengañado de la mayor parte de estas dudas, pasaremos brevemente por ellas, por ir a otra parte, a cuyos términos finales temo no llegar.
Capítulo I: Si hay muchos mundos. Trata de las cinco Zonas. Habiendo de tratar del Nuevo Mundo, o de la mejor y más principal parte suya, que son los reinos y provincias del Imperio llamado Perú, de cuyas antiguallas y origen de sus Reyes pretendemos escribir, parece que fuera justo, conforme a la común costumbre de los escritores, tratar aquí al principio si el mundo es uno sólo o si hay muchos mundos; si es llano o redondo, y si también lo es el cielo redondo o llano; si es habitable toda la tierra o no más de las zonas templadas; si hay paso de una templada a la otra; si hay antipodas y cuáles son de cuáles, y otras cosas semejantes que los antiguos filósofos muy larga y curiosamente trataron y los modernos no dejan de platicar y escribir, siguiendo cada cual opinión que más le agrada. Mas porque no es aqueste mi principal intento ni las fiierzas de un indio pueden presumir tanto, y también porque la experiencia, después que se descubrió lo que llaman Nuevo Mundo, nos ha desengañado de la mayor parte de estas dudas, pasaremos brevemente por ellas, por ir a otra parte, a cuyos términos finales temo no llegar.✦
El Libro primero se inicia refutando con la experiencia cosmográfica moderna la antigua opinión sobre la pluralidad de los mundos y la supuesta inhabitabilidad de la zona tórrida, demostrando cómo en el Perú la altitud de la cordillera de los Andes templa el calor equinoccial.
Mas confiado en la infinita misericordia, digo que a lo primero se podrá afirmar que no hay más que vn mundo, y avnque llamamos Mundo Viejo y Mundo Nueuo, es por auerse descubierto aquél nueuamente para nosotros, y no porque sean dos, sino todo vno. Y a los que todavía imaginaren que hay muchos mundos, no hay para qué responderles, sino que se estén en sus heréticas imaginaciones hasta que en el infierno se desengañen de ellas. Y a los que dudan, si hay alguno que lo dude, si es llano o redondo, se podrá satisfacer con el testimonio de los que han dado vuelta a todo él o a la mayor parte, como los de la nao Victoria y otros que después acá le han rodeado.
Mas confiado en la infinita misericordia, digo que a lo primero se podrá afirmar que no hay más que un mundo, y aunque llamamos Mundo Viejo y Mundo Nuevo, es por haberse descubierto aquél nuevamente para nosotros, y no porque sean dos, sino todo uno. Y a los que todavía imaginaren que hay muchos mundos, no hay para qué responderles, sino que se estén en sus heréticas imaginaciones hasta que en el infierno se desengañen de ellas. Y a los que dudan, si hay alguno que lo dude, si es llano o redondo, se podrá satisfacer con el testimonio de los que han dado vuelta a todo él o a la mayor parte, como los de la nao Victoria y otros que después acá le han rodeado.
Y a lo del cielo, si también es llano o redondo, se podrá responder con las palabras del Real Profeta: Extendens ccelum, sicut pellem, en las quales nos quiso mostrar la forma y hechura de la obra, dando la vna por ejemplo de la otra, diziendo: “Que extendiste el cielo assi como la piel, esto es, cubriendo con el cielo este gran cuerpo de los quatro elementos en redondo, assi como cubriste con la piel en redondo el cuerpo del animal, no solamente lo principal de él, mas también todas sus partes, por pequeñas que sean.
Y a lo del cielo, si también es llano o redondo, se podrá responder con las palabras del Real Profeta: Extendens ccelum, sicut pellem, en las cuales nos quiso mostrar la forma y hechura de la obra, dando la una por ejemplo de la otra, diciendo: “Que extendiste el cielo así como la piel, esto es, cubriendo con el cielo este gran cuerpo de los cuatro elementos en redondo, así como cubriste con la piel en redondo el cuerpo del animal, no solamente lo principal de él, mas también todas sus partes, por pequeñas que sean.
A los que afirman que de las cinco partes del mundo que llaman zonas no son habitables más de las dos templadas, y que la del medio por su excesivo calor y las dos de los cabos por el demasiado frío son inhabitables, y que de la vna zona habitable no se puede passar a la otra habitable por el calor demasiado que hay en medio, puedo afirmar, demás de lo que todos saben, que yo nací en la tórrida zona, que es en el Cozco, y me crié en ella hasta los veinte años, y he estado en la otra zona templada de la otra parte del Trópico de Capricornio, a la parte del sur, en los últimos términos de los Charcas, que son los Chichas, y, para venir a esta otra templada de la parte del norte, donde escribo esto, pasé por la tórrida zona y la atravesé toda y estuve tres dias naturales debaxo de la línea equinoccial, donde dizen que passa perpendicularmente, que es en el cabo de Pasau, por todo lo qual digo que es habitable la tórrida también como las templadas. De las zonas frías quisiera poder dezir por vista de ojos como de las otras tres. Remítame a los que saben de ellas más que yo.
A los que afirman que de las cinco partes del mundo que llaman zonas no son habitables más de las dos templadas, y que la del medio por su excesivo calor y las dos de los cabos por el demasiado frío son inhabitables, y que de la una zona habitable no se puede pasar a la otra habitable por el calor demasiado que hay en medio, puedo afirmar, demás de lo que todos saben, que yo nací en la tórrida zona, que es en el Cozco, y me crié en ella hasta los veinte años, y he estado en la otra zona templada de la otra parte del Trópico de Capricornio, a la parte del sur, en los últimos términos de los Charcas, que son los Chichas, y, para venir a esta otra templada de la parte del norte, donde escribo esto, pasé por la tórrida zona y la atravesé toda y estuve tres dias naturales debajo de la línea equinoccial, donde dicen que pasa perpendicularmente, que es en el cabo de Pasau, por todo lo cual digo que es habitable la tórrida también como las templadas. De las zonas frías quisiera poder decir por vista de ojos como de las otras tres. Remítame a los que saben de ellas más que yo.
A los que dizen que por su mucha frialdad son inhabitables, osaré dezir, con los que tienen lo contrario, que también son habitables como las demás, porque en buena consideración no es de imaginar, quanto más de creer, que partes tan grandes del mundo las hiciese Dios inútiles, habiéndolo criado todo para que lo habitasen los hombres, y que se engañan los antiguos en lo que dizen de las zonas frías, también como se engañaron en lo que dixeron de la tórrida, que era inhabitable por su mucho calor. Antes se debe creer que el Señor, como padre sabio y poderoso, y la naturaleza, como madre universal y piadosa, huuiessen remediado los inconvenientes de la frialdad con templanza de calor, como remediaron el demasiado calor de la tórrida zona con tantas nieves, fuentes, ríos y lagos como en el Perú se hallan, que la hazen templada de tanta variedad de temples: vnas que declinan a calor y a más calor, hasta llegar a regiones tan baxas, y por ende tan calientes, que, por su mucho calor, son casi inhabitables, como dixeron los antiguos de ella;
A los que dicen que por su mucha frialdad son inhabitables, osaré decir, con los que tienen lo contrario, que también son habitables como las demás, porque en buena consideración no es de imaginar, cuanto más de creer, que partes tan grandes del mundo las hiciese Dios inútiles, habiéndolo criado todo para que lo habitasen los hombres, y que se engañan los antiguos en lo que dicen de las zonas frías, también como se engañaron en lo que dijeron de la tórrida, que era inhabitable por su mucho calor. Antes se debe creer que el Señor, como padre sabio y poderoso, y la naturaleza, como madre universal y piadosa, hubiesen remediado los inconvenientes de la frialdad con templanza de calor, como remediaron el demasiado calor de la tórrida zona con tantas nieves, fuentes, ríos y lagos como en el Perú se hallan, que la hacen templada de tanta variedad de temples: unas que declinan a calor y a más calor, hasta llegar a regiones tan bajas, y por ende tan calientes, que, por su mucho calor, son casi inhabitables, como dijeron los antiguos de ella;
otras regiones, que declinan a frío y más frío, hasta subir a partes tan altas que también llegan a ser inhabitables por la mucha frialdad de la nieve perpetua que sobre si tienen, en contra de lo que de esta tórrida zona los filósofos dixeron, que no imaginaron jamás que en ella pudiese auer nieve, habiéndola perpetua debaxo de la misma línea equinoccial, sin menguar jamás ni mucho ni poco, a lo menos en la cordillera grande, si no es en las faldas o puertos de ella. Y es de saber que en la tórrida zona, en lo que de ella alcanza el Perú, no consiste el calor ni el frío en distancia de regiones, ni en estar más lexos ni más cerca de la equinoccial, sino en estar más alto o más bajo de vna misma región y en muy poca distancia de tierra, como adelante se dirá más largo. Digo, pues, que a esta semejança se puede creer que también las zonas frías estén templadas y sean habitables, como lo tienen muchos graves autores, avnque no por vista y experiencia; pero basta haberlo dado a entender assi el mismo Dios, quando crió al hombre y le dixo: "creced y multiplicad y henchid la tierra y sojuzgadla.
otras regiones, que declinan a frío y más frío, hasta subir a partes tan altas que también llegan a ser inhabitables por la mucha frialdad de la nieve perpetua que sobre si tienen, en contra de lo que de esta tórrida zona los filósofos dijeron, que no imaginaron jamás que en ella pudiese haber nieve, habiéndola perpetua debajo de la misma línea equinoccial, sin menguar jamás ni mucho ni poco, a lo menos en la cordillera grande, si no es en las faldas o puertos de ella. Y es de saber que en la tórrida zona, en lo que de ella alcanza el Perú, no consiste el calor ni el frío en distancia de regiones, ni en estar más lejos ni más cerca de la equinoccial, sino en estar más alto o más bajo de una misma región y en muy poca distancia de tierra, como adelante se dirá más largo. Digo, pues, que a esta semejanza se puede creer que también las zonas frías estén templadas y sean habitables, como lo tienen muchos graves autores, aunque no por vista y experiencia; pero basta haberlo dado a entender así el mismo Dios, cuando crió al hombre y le dijo: "creced y multiplicad y henchid la tierra y sojuzgadla.
Por donde se ve que es habitable, porque, si no lo hiera, ni se podía sojuzgar ni llenar de habitaciones. Yo espero en su omnipotencia que a su tiempo descubriera estos secretos (como descubrió el Nueuo Mundo) para mayor confusión y afrenta de los atrevidos, que con sus filosofías naturales y entendimientos humanos quieren tasar la potencia y la sabiduría de Dios, que no pueda hazer sus obras más de como ellos las imaginan, auiendo tanta disparidad del vn saber al otro cuanta hay de lo finito a lo infinito. Etc.
Por donde se ve que es habitable, porque, si no lo hiera, ni se podía sojuzgar ni llenar de habitaciones. Yo espero en su omnipotencia que a su tiempo descubriera estos secretos (como descubrió el Nuevo Mundo) para mayor confusión y afrenta de los atrevidos, que con sus filosofías naturales y entendimientos humanos quieren tasar la potencia y la sabiduría de Dios, que no pueda hacer sus obras más de como ellos las imaginan, habiendo tanta disparidad del un saber al otro cuanta hay de lo finito a lo infinito. Etc.
Fuente del texto original: Texto castellano: Inca Garcilaso de la Vega, Primera parte de los Commentarios reales (Lisboa, Pedro Crasbeeck, 1609), edición príncipe, con las abreviaturas desarrolladas; dominio público, Internet Archive primerapartedelo00vega. El texto se cotejó con ese escaneo. Versión en español actual y notas: Biblioteca Conciencia Activa, Edición 2.0 (2026).