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Cristianismo · Imitación de Cristo

Libro I, 10 · De la demasía de palabras

De superfluitate verborum

1

Caveas tumultum hominum, quantum potes. Multum nam impedit tractatus sæcularium gestorum, etiamsi simplici intentione proferantur. Cito enim inquinamur vanitate et captivamur. Vellem me pluries tacuisse, et inter homines non fuisse. Sed quare tam frequenter loquimur, et invicem fabulamur, cum tamen sine læsione conscientiæ raro ad silentium redimus? Ideo tam frequenter loquimur, quia per multas locutiones ad invicem consolari quærimus, et cor diversis cogitationibus fatigatum optamus relevare, et multum libenter, de his quæ diligimus, seu cupimus, vel quæ nobis sentimus contraria, libet loqui et cogitare.

Evita cuanto puedas el bullicio de los hombres, porque mucho estorba tratar de asuntos del siglo, aunque se haga con intención sencilla; pues pronto somos manchados y cautivados por la vanidad. Quisiera muchas veces haber callado y no haber estado entre los hombres. Pero ¿por qué hablamos y conversamos unos con otros tan a menudo, si raras veces volvemos al silencio sin daño de la conciencia? Hablamos tanto porque buscamos consolarnos unos a otros con muchas conversaciones y deseamos aliviar el corazón fatigado por pensamientos diversos; y nos gusta mucho hablar y pensar de las cosas que amamos o deseamos, o de las que sentimos contrarias.

2

Sed proh dolor sæpe inaniter, et frustra. Nam hæc exterior consolatio interioris et divinæ consolationis non modicum detrimentum est. Ideo vigilandum est et orandum ne tempus otiose transeat. Si loqui licet et expedit, quæ ædificabilia sunt loquere. Malus usus et negligentia profectus nostri multum facit ad incustodiam oris nostri. Juvat tamen non parum ad profectum spiritualem devota spiritualium rerum collatio, maxime ubi pares animo et spiritu in Deo sibi sociantur.

Pero, ¡oh dolor!, muchas veces en vano y sin fruto. Porque este consuelo exterior es de no pequeño detrimento para el consuelo interior y divino. Por eso hay que velar y orar, para que el tiempo no pase ociosamente. Si es lícito y conveniente hablar, habla de lo que edifica. La mala costumbre y el descuido de nuestro aprovechamiento contribuyen mucho a que no guardemos nuestra boca. Ayuda, sin embargo, no poco al progreso espiritual la conversación devota sobre cosas espirituales, sobre todo cuando se unen en Dios personas de un mismo ánimo y espíritu.✦

Fuente del texto original: Texto latino: The Latin Library (thelatinlibrary.com), marcado como dominio público; se han corregido sus erratas evidentes, y donde a esta edición le faltan palabras se traduce lo que dice.