Capítulo 1 · El predominio de la religión lucumí (yoruba) en Cuba
De la lucha entre todas las religiones africanas triunfó en Cuba, como en el Brasil, aunque maltrecha por el enemigo común de todas ellas, el catolicismo, la religión de los negros de Yoruba ó Nagos. Estos negros son los que en Cuba entraron como lucumís. Debióse ello, sin duda, al considerable número de esclavos que de tal procedencia llegaron á América, al mayor progreso de su teología comparada con las demás de aquellas comarcas, á la intensa fuerza expansiva de los yorubas, á lo muy denso de su población, á la difusión de su lengua, que hablan más de tres millones de negros, etc.
De la lucha entre todas las religiones africanas triunfó en Cuba, como en el Brasil, aunque maltrecha por el enemigo común de todas ellas, el catolicismo, la religión de los negros de Yoruba o Nagos. Estos negros son los que en Cuba entraron como lucumís. Se debió ello, sin duda, al considerable número de esclavos que de tal procedencia llegaron a América, al mayor progreso de su teología comparada con las demás de aquellas comarcas, a la intensa fuerza expansiva de los yorubas, a lo muy denso de su población, a la difusión de su lengua, que hablan más de tres millones de negros, etc.✦
Fernando Ortiz, «Hampa afro-cubana: Los negros brujos (Apuntes para un estudio de etnología criminal)» (Madrid: Librería de Fernando Fe, 1906), cap. II, págs. 49–58. En las notas al pie de esta página, Ortiz cita a A. B. Ellis («The Yoruba-Speaking Peoples of the Slave Coast of West Africa», Londres, 1894, pág. 15) y a Pierre Bouche («Étude sur la langue Nago», Bar-le-Duc, 1880, pág. 4).
Dice el misionero Bowen que la religión de Yoruba está calcada sobre la organización civil de aquel pueblo, que así como existe un rey terrenal hay un monarca celestial, y que éste como aquél se comunican con sus súbditos valiéndose de intermediarios, que dotados de poder relativo forman su corte. Para los yorubas el Jupiter optimus maximus, el señor del cielo, es Olorun, conocido también por otros nombres, como Olodumare (el siempre justo), Oga-ogó (glorioso y elevado ser), Oluwa (señor), Oba-ogó (rey de gloria), Obangidzi (el señor), Eledá, Elemi, etcétera. Olorun no está representado por ídolo alguno ni merece culto especial; los fieles deben comunicarse con este dios por conducto de divinidades secundarias, llamadas orishas.
Dice el misionero Bowen que la religión de Yoruba está calcada sobre la organización civil de aquel pueblo, que así como existe un rey terrenal hay un monarca celestial, y que este como aquel se comunican con sus súbditos valiéndose de intermediarios, que dotados de poder relativo forman su corte. Para los yorubas el Jupiter optimus maximus, el señor del cielo, es Olorun, conocido también por otros nombres, como Olodumare (el siempre justo), Oga-ogó (glorioso y elevado ser), Oluwa (señor), Oba-ogó (rey de gloria), Obangidzi (el señor), Eledá, Elemi, etcétera. Olorun no está representado por ídolo alguno ni merece culto especial; los fieles deben comunicarse con este dios por conducto de divinidades secundarias, llamadas orishas.✦
T. J. Bowen, «Grammar and Dictionary of the Yoruba Language» (Washington: Smithsonian Institution, 1858). En grafía yoruba moderna: Ọlọ́run («Dueño del Cielo»), Olódùmarè, Ọ̀gá-ògo, Olúwa, Ọba-ògo, Ọbańgíjì, Ẹlẹ́dàá («Creador»), Ẹlẹ́mìí («Dueño del Aliento Vital») y Òrìṣà.
Esta creencia monoteísta es bastante común en el occidente africano. Un dios muy elevado, lejos de la comunicación con los hombres, sin culto especial, sin ídolo, lo tienen los dahomeyanos, como los baulés; así es el Nyankupón ó Aniankopóng de la Costa de Oro, etc. En Cuba no me ha sabido dar razón de Olorun ningún brujo; este olvido se nota también entre los negros del Brasil, con seguridad debido á la falta de un signo material de adoración, como observa Nina Rodrigues. Los orishas (voz derivada, según Bowen, de asha: ceremonia religiosa) se dividen en tres rangos. En el primero no caben sino tres, llamados: Obatalá, Shangó é Ifá. El segundo lo forman un sinnúmero de dioses de menor poder, muchos de los cuales apenas alcanzan reconocimiento antropomórfico fuera del fetiche donde se fijan. El tercero comprende á los demás fetiches, amuletos, gris-gris, etcétera, innominados por lo general.
Esta creencia monoteísta es bastante común en el occidente africano. Un dios muy elevado, lejos de la comunicación con los hombres, sin culto especial, sin ídolo, lo tienen los dahomeyanos, como los baulés; así es el Nyankupón o Aniankopóng de la Costa de Oro, etc. En Cuba no me ha sabido dar razón de Olorun ningún brujo; este olvido se nota también entre los negros del Brasil, con seguridad debido a la falta de un signo material de adoración, como observa Nina Rodrigues. Los orishas (voz derivada, según Bowen, de asha: ceremonia religiosa) se dividen en tres rangos. En el primero no caben sino tres, llamados: Obatalá, Shangó e Ifá. El segundo lo forman un sinnúmero de dioses de menor poder, muchos de los cuales apenas alcanzan reconocimiento antropomórfico fuera del fetiche donde se fijan. El tercero comprende a los demás fetiches, amuletos, gris-gris, etcétera, innominados por lo general.
Obatalá es el primero y más grande de los seres creados. Su etimología (de oba-ti-nlá: el rey que es grande, ó de oba-ti-alá: el rey de la blancura ó pureza, según Bowen) parece probar la derivación evhemérica de esta divinidad. Otros nombres sirven también para designarla, como son: Orisha-nlá (el gran orisha), Alamorere (el de la buena arcilla, porque, como Jehová, creó de barro el cuerpo humano), Orisha-kpokpo (el orisha de las puertas, porque es el guardián de todas ellas), Alabalasé (el que predice lo futuro), etc. Obatalá es andrógino. El principio femenino llamado Iyángbá está figurado por una mujer amamantando á un niño. Por su carácter bisexual Obatalá significa las energías productivas de la Naturaleza, distinguiéndose de la potencia creadora, de Olorun. Éste da vida á los hombres (y por ello se llama Eledá: creador); pero Obatalá forma los cuerpos. Al elemento femenino A. B. Ellis lo llama Odúa ú Odudúa.
Obatalá es el primero y más grande de los seres creados. Su etimología (de oba-ti-nlá: el rey que es grande, o de oba-ti-alá: el rey de la blancura o pureza, según Bowen) parece probar la derivación evhemérica de esta divinidad. Otros nombres sirven también para designarla, como son: Orisha-nlá (el gran orisha), Alamorere (el de la buena arcilla, porque, como Jehová, creó de barro el cuerpo humano), Orisha-kpokpo (el orisha de las puertas, porque es el guardián de todas ellas), Alabalasé (el que predice lo futuro), etc. Obatalá es andrógino. El principio femenino llamado Iyángbá está figurado por una mujer amamantando a un niño. Por su carácter bisexual Obatalá significa las energías productivas de la Naturaleza, distinguiéndose de la potencia creadora, de Olorun. Este da vida a los hombres (y por ello se llama Eledá: creador); pero Obatalá forma los cuerpos. Al elemento femenino A. B. Ellis lo llama Odúa u Odudúa.✦
En grafía yoruba moderna: Ọbàtálá (Ọba-tì-álà, «Rey del paño blanco»), Òrìṣà-Ńlá («el Gran Orisha»), Alámọ̀rere («Dueño de la buena arcilla»), Alábàálàṣẹ («Dueño del propósito y del poder realizador») y Odùduwà (Odùdúà).
Del culto al orisha Obatalá quedan, en cambio, reminiscencias importantes. A la regla de brujería más extendida se le llama Batalá ó Batarás. Palabras todas usadas por corrupción indudable de la voz yoruba Obatalá. No es que esta palabra haya desaparecido por completo del habla propia de los negros afro-cubanos; solamente puede afirmarse que los criollos y los que en mayor ó menor grado han penetrado los misterios brujos no la usan en su puridad. Refiere Nina Rodrigues que en Bahía las clases inferiores de la población identifican á Obatalá con Cristo que, según los cristianos, es la divinidad superior, y con Santa Ana, pues así como ésta es para los últimos madre de María y ésta á su vez madre del Dios que ha creado todos los santos, resultando con lógica irrefutable que dicha santa es origen de todos los demás santos, así para los negros todos los orishas dependen de Obatalá. En Cuba, con criterio que juzgo análogo, se le confunde con la Virgen de las Mercedes, que junto con la del Cobre y la de Regla alcanzó privilegiado culto. También á Obatalá se le llama en Cuba el Santísimo Sacramento, aludiendo á la transubstanciación dogmática del Dios de los católicos.
Del culto al orisha Obatalá quedan, en cambio, reminiscencias importantes. A la regla de brujería más extendida se le llama Batalá o Batarás, palabras todas usadas por corrupción indudable de la voz yoruba Obatalá. No es que esta palabra haya desaparecido por completo del habla propia de los negros afrocubanos; solamente puede afirmarse que los criollos y los que en mayor o menor grado han penetrado los misterios brujos no la usan en su puridad. Refiere Nina Rodrigues que en Bahía las clases inferiores de la población identifican a Obatalá con Cristo que, según los cristianos, es la divinidad superior, y con Santa Ana, pues así como esta es para los últimos madre de María y esta a su vez madre del Dios que ha creado todos los santos, resultando con lógica irrefutable que dicha santa es origen de todos los demás santos, así para los negros todos los orishas dependen de Obatalá. En Cuba, con criterio que juzgo análogo, se le confunde con la Virgen de las Mercedes, que junto con la del Cobre y la de Regla alcanzó privilegiado culto. También a Obatalá se le llama en Cuba el Santísimo Sacramento, aludiendo a la transubstanciación dogmática del Dios de los católicos.
El segundo gran orisha es Shangó (el dios del trueno), llamado también Dzakuta ó Jakuta (arrojador de piedras), suponiendo que desde el cielo lanza piedras meteóricas sobre la tierra, las cuales son conservadas por los negros como de gran virtud sobrenatural. Los adoradores de Shangó creen en la existencia humana y remota de su dios, señalando el lugar de su nacimiento y el de su reino. Fué caudillo afortunado en las guerras, en recuerdo de cuyo carácter belicoso llevan sus fieles de hoy un saco como símbolo del botín. Si una casa es destruída por el rayo, ó sea por Shangó, sus adoradores tienen el derecho de saquearla; éstos se dedican siempre al merodeo de cabras y de aves. Hoy Shangó reside en un gran reino, viviendo en un palacio con puertas de bronce y con 10.000 caballos.
El segundo gran orisha es Shangó (el dios del trueno), llamado también Dzakuta o Jakuta (arrojador de piedras), suponiendo que desde el cielo lanza piedras meteóricas sobre la tierra, las cuales son conservadas por los negros como de gran virtud sobrenatural. Los adoradores de Shangó creen en la existencia humana y remota de su dios, señalando el lugar de su nacimiento y el de su reino. Fue caudillo afortunado en las guerras, en recuerdo de cuyo carácter belicoso llevan sus fieles de hoy un saco como símbolo del botín. Si una casa es destruida por el rayo, o sea por Shangó, sus adoradores tienen el derecho de saquearla; estos se dedican siempre al merodeo de cabras y de aves. Hoy Shangó reside en un gran reino, viviendo en un palacio con puertas de bronce y con diez mil caballos.✦
En grafía yoruba moderna: Ṣàngó y Jàkúta («el que pelea con piedras»); el saco ritual de los sacerdotes de Ṣàngó es el «làbà».
De la anterior versión, que he tomado de Bowen, difiere la expuesta por Nina Rodrigues, traducida de un libro yoruba. Shangó, considerado como divinidad, es hijo de Orungán (mediodía) y nieto de Agandzú (el desierto). Su madre es Iémodzá (la madre de los peces), un riachuelo de Yoruba. Son sus hermanos Dadá (Naturaleza) ó dios de los niños recién nacidos, y Ogún, dios de los guerreros y de los forjadores de metales. Sus mujeres son los ríos Oya (el Níger), Oshún (río de este nombre) y Obá (ídem). Es compañero de Orisha-okó (dios de la agricultura); tiene por esclavos á Birí (tinieblas, secreto) y á Aidokhuedo (el arco iris).
De la anterior versión, que he tomado de Bowen, difiere la expuesta por Nina Rodrigues, traducida de un libro yoruba. Shangó, considerado como divinidad, es hijo de Orungán (mediodía) y nieto de Agandzú (el desierto). Su madre es Iémodzá (la madre de los peces), un riachuelo de Yoruba. Son sus hermanos Dadá (Naturaleza) o dios de los niños recién nacidos, y Ogún, dios de los guerreros y de los forjadores de metales. Sus mujeres son los ríos Oya (el Níger), Oshún (río de este nombre) y Obá (ídem). Es compañero de Orisha-okó (dios de la agricultura); tiene por esclavos a Birí (tinieblas, secreto) y a Aidokhuedo (el arco iris).✦
En nota al pie (pág. 55), Ortiz añade que como divinidad representante de la fuerza a Shangó lo simbolizan en África con un cetro o clava llamada «otché» (ọṣé), y explica que el término «Onichangó» (Oní-Ṣàngó) designa al sacerdote consagrado a Shangó.
En Cuba como en el Brasil, y ello demuestra la lógica con que han procedido los negros al asimilar sus orishas á los santos católicos, Shangó equivale á Santa Bárbara. Ambas divinidades son patronas del trueno y del rayo. En este punto la identidad religiosa de católicos y fetichistas africanos es absoluta, y estos últimos la reconocieron sin vacilación en uno y otro hemisferio. Ante la igualdad de funciones de Shangó y Santa Bárbara hicieron caso omiso de la diferencia de sexo; Shangó es Santa Bárbara macho, dicen los brujos de Cuba, como los del Brasil. Acaso contribuyó también á ello la circunstancia de representar frecuentemente á Santa Bárbara con una espada en la mano, lo que pudo parecer á los fetichistas africanos otra analogía con Shangó, que fué en la tierra un célebre rey y guerrero.
En Cuba como en el Brasil, y ello demuestra la lógica con que han procedido los negros al asimilar sus orishas a los santos católicos, Shangó equivale a Santa Bárbara. Ambas divinidades son patronas del trueno y del rayo. En este punto la identidad religiosa de católicos y fetichistas africanos es absoluta, y estos últimos la reconocieron sin vacilación en uno y otro hemisferio. Ante la igualdad de funciones de Shangó y Santa Bárbara hicieron caso omiso de la diferencia de sexo; Shangó es Santa Bárbara macho, dicen los brujos de Cuba, como los del Brasil. Acaso contribuyó también a ello la circunstancia de representar frecuentemente a Santa Bárbara con una espada en la mano, lo que pudo parecer a los fetichistas africanos otra analogía con Shangó, que fue en la tierra un célebre rey y guerrero.
El brujo Bocú defendióse hábilmente ante el tribunal que lo condenó, diciendo que el altar que tenía en su casa estaba dedicado á una divinidad católica, á Santa Bárbara, y que, por lo tanto, no era brujo. En Cuba y en el Brasil Shangó está simbolizado por una piedra meteórica. Los brujos afro-cubanos las llaman comúnmente piedras del rayo. El último de los tres grandes orishas se llama Ifá, que es el revelador de lo oculto y el patrono de las relaciones sexuales y del parto. Se le llama también Bangá ó dios de los frutos de cierta palmera, porque se emplean diez y seis de éstas para obtener los pronósticos. En Bahía se utiliza una especie de collar para deducir los augurios; asimismo en Cuba, donde se llama á mi juicio erróneamente, por algunos Ifá de Osunda. Ifá tiene un compañero: Odú, y un mensajero: Opelé.
El brujo Bocú se defendió hábilmente ante el tribunal que lo condenó, diciendo que el altar que tenía en su casa estaba dedicado a una divinidad católica, a Santa Bárbara, y que, por lo tanto, no era brujo. En Cuba y en el Brasil Shangó está simbolizado por una piedra meteórica. Los brujos afrocubanos las llaman comúnmente piedras del rayo. El último de los tres grandes orishas se llama Ifá, que es el revelador de lo oculto y el patrono de las relaciones sexuales y del parto. Se le llama también Bangá o dios de los frutos de cierta palmera, porque se emplean dieciséis de estos para obtener los pronósticos. En Bahía se utiliza una especie de collar para deducir los augurios; asimismo en Cuba, donde se llama, a mi juicio erróneamente, por algunos Ifá de Osunda. Ifá tiene un compañero: Odú, y un mensajero: Opelé.✦
«Bangá» procede del yoruba «ọpẹ ẹkọ / ikin Ifá» (las nueces sagradas de la palmera Elaeis idolatrica); «Odú» (Odù) son los signos o capítulos de Ifá, y «Opelé» (Ọ̀pẹlẹ, en Cuba «Okuelé») es la cadena adivinatoria de ocho medias semillas.
Fuente del texto original: Texto: Fernando Ortiz, Hampa afro-cubana: Los negros brujos (Madrid, 1906; archive.org/details/hampaafrocubanal00orti); dominio público en EE. UU. La columna izquierda reproduce la ortografía de 1906 y la derecha la moderniza. Ortiz escribe con el lenguaje y los prejuicios criminológicos de su época. Es una selección de pasajes, no la obra completa. Notas: Biblioteca Conciencia Activa, Edición 2.0 (2026).