Libro III
Liber tertius
Veni Karthaginem et circumstrepebat me undique sartago flagitiosorum amorum. nondum amabam et amare amabam et secretiore indigentia oderam me minus indigentem. quaerebam quid amarem, amans amare, et oderam securitatem et uiam sine muscipulis, quoniam famis mihi erat intus ab interiore cibo, te ipso, deus meus, et ea fame non esuriebam, sed eram sine desiderio alimentorum incorruptibilium, non quia plenus eis eram, sed quo inanior, fastidiosior. et ideo non bene ualebat anima mea et ulcerosa proiciebat se foras, miserabiliter scalpi auida contactu sensibilium. sed si non haberent animam, non utique amarentur. amare et amari dulce mihi erat magis, si et amantis corpore fruerer. uenam igitur amicitiae coinquinabam sordibus concupiscentiae candoremque eius obnubilabam de tartaro libidinis, et tamen foedus atque inhonestus, elegans et urbanus esse gestiebam abundanti uanitate. rui etiam in amorem, quo cupiebam capi. deus meus, misericordia mea, quanto felle mihi suauitatem illam et quam bonus aspersisti, quia et amatus sum et perueni ad uinculum fruendi et conligabar laetus aerumnosis nexibus, ut caederer uirgis ferreis ardentibus zeli et suspicionum et timorum et irarum atque rixarum.
Llegué a Cartago, y por todas partes crepitaba a mi alrededor una sartén de amores vergonzosos. Todavía no amaba, y amaba amar, y, por una indigencia más secreta, me odiaba por ser menos indigente. Buscaba qué amar, amando amar, y odiaba la seguridad y el camino sin trampas, porque tenía dentro hambre del alimento interior, de ti mismo, Dios mío; pero esa hambre no me hacía sentir hambre, sino que estaba sin deseo de los alimentos incorruptibles, no porque estuviera lleno de ellos, sino porque, cuanto más vacío, más hastiado. Por eso mi alma no estaba sana, y, llagada, se arrojaba afuera, ávida de rascarse miserablemente con el contacto de las cosas sensibles. Pero si estas no tuvieran alma, ciertamente no serían amadas. Amar y ser amado me era más dulce si gozaba también del cuerpo de quien me amaba. Manchaba, pues, la fuente de la amistad con la inmundicia de la concupiscencia y nublaba su limpidez con el infierno de la lujuria; y, siendo feo y deshonesto, ansiaba, con abundante vanidad, pasar por elegante y refinado. Me precipité también en el amor, en el que deseaba quedar atrapado. Dios mío, misericordia mía, ¡con cuánta hiel me rociaste aquella dulzura, y qué bueno fuiste al hacerlo! Porque fui amado, y llegué al lazo del goce, y me dejaba atar alegre con ligaduras penosas, para ser azotado con las varas de hierro candente de los celos, las sospechas, los temores, las iras y las riñas.✦
Juego de palabras entre Carthago (Cartago) y sartago («sartén»).
Rapiebant me spectacula theatrica plena imaginibus miseriarum mearum et fomitibus ignis mei. quid est, quod ibi homo uult dolere luctuosa et tragica, quae tamen pati ipse nollet? et tamen pati uult ex eis dolorem spectator et dolor ipse est uoluptas eius. quid est nisi miserabilis insania? nam eo magis eis mouetur quisque, quo minus a talibus affectibus sanus est, quamquam, cum ipse patitur, miseria, cum aliis compatitur, misericordia dici solet. sed qualis tandem misericordia in rebus fictis et scenicis? non enim ad subueniendum prouocatur auditor, sed tantum ad dolendum inuitatur et auctori earum imaginum amplius fauet, cum amplius dolet. et si calamitates illae hominum uel antiquae uel falsae sic agantur, ut qui spectat non doleat, abscedit inde fastidiens et reprehendens; si autem doleat, manet intentus et gaudens.
Me arrebataban los espectáculos teatrales, llenos de imágenes de mis miserias y de incentivos de mi fuego. ¿Por qué quiere el hombre dolerse allí de cosas luctuosas y trágicas que, sin embargo, él mismo no querría padecer? Y sin embargo, como espectador, quiere sentir dolor por ellas, y el dolor mismo es su placer. ¿Qué es esto sino una lamentable locura? Pues cada uno se conmueve tanto más con ellas cuanto menos sano está de tales afectos; aunque, cuando uno mismo padece, suele llamarse miseria, y cuando se compadece de otros, misericordia. Pero ¿qué misericordia es, al fin, la que se tiene ante cosas fingidas y escénicas? Porque no se mueve al oyente a socorrer, sino que solo se le invita a dolerse, y favorece tanto más al autor de esas imágenes cuanto más se duele. Y si aquellas desgracias humanas, antiguas o falsas, se representan de modo que el espectador no se duela, se marcha de allí hastiado y criticando; pero si se duele, permanece atento y gozoso.
Lacrimae ergo amantur et dolores. certe omnis homo gaudere uult. an cum miserum esse neminem libeat, libet tamen esse misericordem, quod quia non sine dolore est, hac una causa amantur dolores? et hoc de illa uena amicitiae est. sed quo uadit? quo fluit? ut quid decurrit in torrentem picis bullientis, aestus inmanes taetrarum libidinum, in quos ipsa mutatur et uertitur per nutum proprium de caelesti serenitate detorta atque deiecta? repudietur ergo misericordia? nequaquam. ergo amentur dolores aliquando. sed caue inmunditiam, anima mea, sub tutore, deo meo, deo patrum nostrorum et laudabili et superelato in omnia saecula, caue inmunditiam. neque enim nunc non misereor, sed tunc in theatris congaudebam amantibus, cum sese fruebantur per flagitia, quamuis haec imaginarie gererent in ludo spectaculi, cum autem sese amittebant, quasi misericors contristabar; et utrumque delectabat tamen. nunc uero magis misereor gaudentem in flagitio quam uelut dura perpessum detrimento perniciosae uoluptatis et amissione miserae felicitatis. haec certe uerior misericordia, sed non in ea delectat dolor. nam etsi adprobatur officio caritatis qui dolet miserum, mallet tamen utique non esse quod doleret, qui germanitus misericors est. si enim est maliuola beniuolentia, quod fieri non potest, potest et ille, qui ueraciter sinceriterque miseretur, cupere esse miseros, ut misereatur. nonnullus itaque dolor adprobandus, nullus amandus est. hoc enim tu, domine deus, qui animas amas, longe alteque purius quam nos et incorruptibilius misereris, quod nullo dolore sauciaris. et ad haec quis idoneus?
Se aman, pues, las lágrimas y los dolores. Ciertamente todo hombre quiere gozar. ¿O es que, como a nadie le gusta ser miserable, pero sí le gusta ser misericordioso, y esto no se da sin dolor, por esta sola causa se aman los dolores? También esto procede de aquella fuente de la amistad. Pero ¿adónde va? ¿Adónde fluye? ¿Por qué desemboca en el torrente de pez hirviente, en los enormes hervores de las negras pasiones, en los que ella misma se transforma y se convierte por su propia inclinación, torcida y despeñada desde la serenidad celestial? ¿Habrá que rechazar, pues, la misericordia? De ningún modo. Que se amen, pues, a veces los dolores. Pero guárdate de la impureza, alma mía, bajo la tutela de mi Dios, el Dios de nuestros padres, digno de alabanza y ensalzado por todos los siglos; guárdate de la impureza. Pues tampoco ahora dejo de compadecerme; pero entonces, en los teatros, me alegraba con los amantes cuando gozaban uno del otro por medio de infamias, aunque las representaran de modo imaginario en el juego del espectáculo; y cuando se perdían el uno al otro, me entristecía como si fuera compasivo; y una y otra cosa, sin embargo, me deleitaban. Ahora, en cambio, me compadezco más del que se goza en la infamia que del que, por así decirlo, ha sufrido duramente por la pérdida de un placer pernicioso y la privación de una felicidad miserable. Esta es sin duda una misericordia más verdadera, pero en ella no deleita el dolor. Porque, aunque se aprueba, por deber de caridad, a quien se duele de un desdichado, quien es de verdad misericordioso preferiría sin duda que no hubiera de qué dolerse. Pues si existiera una benevolencia malévola, lo cual no puede ser, podría también quien se compadece verdadera y sinceramente desear que hubiera desdichados para compadecerse de ellos. Algún dolor, por tanto, ha de aprobarse, pero ninguno ha de amarse. Porque así es como tú, Señor Dios, que amas las almas, te compadeces de un modo mucho más alto y puro que nosotros, y más incorruptible: porque no te hiere ningún dolor. ¿Y quién es capaz de esto?✦
Dn 3,52; Sab 11,27; 2 Co 2,16.
At ego tunc miser dolere amabam et quaerebam, ut esset quod dolerem, quando mihi in aerumna aliena et falsa et saltatoria ea magis placebat actio histrionis meque alliciebat uehementius, qua mihi lacrimae excutiebantur. quid autem mirum, cum infelix pecus aberrans a grege tuo et inpatiens custodiae tuae turpi scabie foedarer? et inde erant dolorum amores, non quibus altius penetrarer — non enim amabam talia perpeti, qualia spectare — sed quibus auditis et fictis tamquam in superficie raderer: quos tamen quasi ungues scalpentium feruidus tumor et tabes et sanies horrida consequebatur. talis uita mea numquid uita erat, deus meus?
Pero yo entonces, desdichado, amaba dolerme y buscaba de qué dolerme, cuando, ante una desgracia ajena, fingida y representada con danzas, más me agradaba y con más fuerza me atraía la actuación del histrión que me arrancaba lágrimas. ¿Y qué tiene de extraño, si yo, oveja infeliz que se apartaba de tu rebaño y no soportaba tu custodia, me afeaba con una sarna vergonzosa? De ahí venían esos amores a los dolores; no a los que me penetraran más hondo —pues no amaba padecer lo que me gustaba contemplar—, sino a los que, oídos y fingidos, me rasparan, por así decirlo, la superficie; a los cuales, sin embargo, como a las uñas de quien se rasca, seguían una hinchazón ardiente, la podredumbre y un pus horrible. Una vida así, ¿era vida, Dios mío?✦
«Representada con danzas»: alusión a la pantomima, en la que un actor representaba con gestos y baile escenas trágicas.
Et circumuolabat super me fidelis a longe misericordia tua. in quantas iniquitates distabui et sacrilega curiositate secutus sum, ut deserentem te deduceret me ad ima infida et circumuentoria obsequia daemoniorum, quibus immolabam facta mea mala, et in omnibus flagellabas me! ausus sum etiam in celebritate sollemnitatum tuarum intra parietes ecclesiae tuae concupiscere et agere negotium procurandi fructus mortis: unde me uerberasti grauibus poenis, sed nil ad culpam meam, o tu praegrandis misericordia mea, deus meus, refugium meum a terribilibus nocentibus, in quibus uagatus sum praefidenti collo ad longe recedendum a te, amans uias meas et non tuas, amans fugitiuam libertatem.
Y revoloteaba sobre mí, fiel y desde lejos, tu misericordia. ¡En qué iniquidades me consumí, y qué sacrílega curiosidad seguí, que, al abandonarte, me llevó a lo más hondo de la infidelidad y a los engañosos servicios de los demonios, a quienes ofrecía en sacrificio mis malas acciones; y en todo ello me azotabas! Me atreví incluso, durante la celebración de tus solemnidades, dentro de los muros de tu iglesia, a desear y a tratar el negocio de procurarme frutos de muerte; por lo cual me castigaste con graves penas, pero nada en comparación con mi culpa, oh tú, misericordia mía inmensa, Dios mío, mi refugio frente a los terribles malhechores entre los que anduve errante con la cerviz erguida, para alejarme mucho de ti, amando mis caminos y no los tuyos, amando una libertad de fugitivo.✦
Rom 7,5; Sal 58,18. «Frutos de muerte»: parece aludir a un trato amoroso iniciado en la iglesia.
Habebant et illa studia, quae honesta uocabantur, ductum suum intuentem fora litigiosa, ut excellerem in eis, hoc laudabilior, quo fraudulentior. tanta est caecitas hominum de caecitate etiam gloriantium. et maior iam eram in schola rhetoris et gaudebam superbe et tumebam tyfo, quamquam longe sedatior, domine, tu scis, et remotus omnino ab euersionibus, quas faciebant euersores — hoc enim nomen scaeuum et diabolicum uelut insigne urbanitatis est — inter quos uiuebam pudore inpudenti, quia talis non eram: et cum eis eram et amicitiis eorum delectabar aliquando, a quorum semper factis abhorrebam, hoc est ab euersionibus, quibus proterue insectabantur ignotorum uerecundiam, quam proturbarent gratis inludendo atque inde pascendo maliuolas laetitias suas. nihil est illo actu similius actibus daemoniorum. quid itaque uerius quam euersores uocarentur, euersi plane prius ipsi atque peruersi deridentibus eos et seducentibus fallacibus occulte spiritibus in eo ipso, quo alios inridere amant et fallere?
También aquellos estudios que se llamaban honorables tenían su orientación, que miraba a los foros litigiosos, para que sobresaliera en ellos, tanto más alabado cuanto más fraudulento. Tanta es la ceguera de los hombres, que se glorían incluso de su ceguera. Y era ya el primero en la escuela del retórico, y gozaba con soberbia y me hinchaba de vanidad, aunque era mucho más sosegado, Señor, tú lo sabes, y completamente ajeno a los trastornos que causaban los «trastornadores» —pues este nombre siniestro y diabólico pasa por distintivo de elegancia—, entre los cuales vivía con una vergüenza desvergonzada, porque no era como ellos; y andaba con ellos, y a veces me deleitaba su amistad, aunque siempre aborrecía sus hechos, es decir, los trastornos con que acosaban insolentemente la timidez de los recién llegados, perturbándola gratuitamente con sus burlas y alimentando así sus alegrías malévolas. Nada hay más parecido a ese proceder que el proceder de los demonios. ¿Qué nombre, pues, más verdadero que el de «trastornadores», siendo ellos mismos antes trastornados y pervertidos, burlados y seducidos ocultamente por espíritus engañosos precisamente en aquello mismo en que gustan de burlarse de otros y engañarlos?✦
«Trastornadores» (eversores): pandillas de estudiantes de Cartago que alborotaban las clases y vejaban a los nuevos (cf. V,8).
Inter hos ego inbecilla tunc aetate discebam libros eloquentiae, in qua eminere cupiebam fine damnabili et uentoso per gaudia uanitatis humanae, et usitato iam discendi ordine perueneram in librum cuiusdam Ciceronis, cuius linguam fere omnes mirantur, pectus non ita. sed liber ille ipsius exhortationem continet ad philosophiam et uocatur Hortensius. ille uero liber mutauit affectum meum et ad te ipsum, domine, mutauit preces meas et uota ac desideria mea fecit alia. uiluit mihi repente omnis uana spes et inmortalitatem sapientiae concupiscebam aestu cordis incredibili et surgere coeperam, ut ad te redirem. non enim ad acuendam linguam, quod uidebar emere maternis mercedibus, cum agerem annum aetatis undeuicensimum iam defuncto patre ante biennium, non ergo ad acuendam linguam referebam illum librum neque mihi locutionem, sed quod loquebatur persuaserat.
Entre estos, en aquella edad todavía débil, estudiaba yo los libros de elocuencia, en la que deseaba sobresalir con un fin condenable y vano, por los goces de la vanidad humana; y, siguiendo el orden habitual de los estudios, había llegado a un libro de un tal Cicerón, cuya lengua admiran casi todos, aunque no así su corazón. Ese libro suyo contiene una exhortación a la filosofía y se llama Hortensio. Aquel libro cambió mis afectos, y orientó hacia ti mismo, Señor, mis súplicas, e hizo distintos mis anhelos y deseos. De repente perdió valor para mí toda esperanza vana, y deseaba la inmortalidad de la sabiduría con un increíble ardor del corazón, y había comenzado a levantarme para volver a ti. Porque no para afilar la lengua —que era lo que parecía comprar con el dinero de mi madre, cuando tenía diecinueve años y mi padre había muerto dos años antes—, no, pues, para afilar la lengua leía aquel libro, ni me había persuadido su estilo, sino lo que decía.✦
Hortensio: diálogo de Cicerón, hoy perdido, que exhortaba al estudio de la filosofía.
Cf. Lc 15,18.
Quomodo ardebam, deus meus, quomodo ardebam reuolare a terrenis ad te, et nesciebam quid ageres mecum! apud te est enim sapientia. amor autem sapientiae nomen graecum habet philosophiam, quo me accendebant illae litterae. sunt qui seducant per philosophiam magno et blando et honesto nomine colorantes et fucantes errores suos, et prope omnes, qui ex illis et supra temporibus tales erant, notantur in eo libro et demonstrantur, et manifestatur ibi salutifera illa admonitio spiritus tui per seruum tuum bonum et pium: uidete, ne quis uos decipiat per philosophiam et inanem seductionem secundum traditionem hominum, secundum elementa huius mundi et non secundum Christum, quia in ipso inhabitat omnis plenitudo diuinitatis corporaliter. et ego illo tempore, scis tu, lumen cordis mei, quoniam necdum mihi haec apostolica nota erant, hoc tamen solo delectabar in illa exhortatione, quod non illam aut illam sectam, sed ipsam quaecumque esset sapientiam ut diligerem et quaererem et adsequerer et tenerem atque amplexarer fortiter, excitabar sermone illo et accendebar et ardebam, et hoc solum me in tanta flagrantia refrangebat, quod nomen Christi non erat ibi, quoniam hoc nomen secundum misericordiam tuam, domine, hoc nomen saluatoris mei, fili tui, in ipso adhuc lacte matris tenerum cor meum pie biberat et alte retinebat, et quidquid sine hoc nomine fuisset quamuis litteratum et expolitum et ueridicum, non me totum rapiebat.
¡Cómo ardía, Dios mío, cómo ardía por remontar el vuelo desde las cosas terrenas hacia ti, y no sabía lo que hacías conmigo! Porque en ti está la sabiduría. Y el amor a la sabiduría tiene un nombre griego, filosofía, y a él me encendían aquellas páginas. Hay quienes seducen por medio de la filosofía, coloreando y maquillando sus errores con ese nombre grande, atractivo y honroso; y casi todos los que fueron así en aquellos tiempos y en los anteriores son señalados y descritos en aquel libro; y allí se pone de manifiesto aquella saludable advertencia de tu Espíritu por medio de tu siervo bueno y piadoso: Miren que nadie los engañe con la filosofía y con vana seducción, según la tradición de los hombres, según los elementos de este mundo, y no según Cristo, porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad. Y yo, en aquel tiempo —tú lo sabes, luz de mi corazón—, como todavía no conocía estas palabras del Apóstol, solo me deleitaba en aquella exhortación porque, con su discurso, me estimulaba, me encendía y me inflamaba a amar, buscar, alcanzar, poseer y abrazar con fuerza no esta o aquella escuela, sino la sabiduría misma, cualquiera que fuese; y lo único que me refrenaba en tan gran ardor era que no estaba allí el nombre de Cristo; porque este nombre, según tu misericordia, Señor, este nombre de mi Salvador, tu Hijo, lo había bebido piadosamente mi tierno corazón ya con la leche de mi madre, y lo conservaba en lo hondo; y todo lo que carecía de este nombre, por docto, pulido y verídico que fuera, no me arrebataba por entero.✦
Job 12,13; Col 2,8-9. El «siervo bueno y piadoso» es el apóstol Pablo.
Itaque institui animum intendere in scripturas sanctas et uidere, quales essent. et ecce uideo rem non conpertam superbis neque nudatam pueris, sed incessu humilem, successu excelsam et uelatam mysteriis, et non eram ego talis, ut intrare in eam possem aut inclinare ceruicem ad eius gressus. non enim sicut modo loquor, ita sensi, cum adtendi ad illam scripturam, sed uisa est mihi indigna, quam Tullianae dignitati conpararem. tumor enim meus refugiebat modum eius et acies mea non penetrabat interiora eius. uerum tamen illa erat, quae cresceret cum paruulis, sed ego dedignabar esse paruulus et turgidus fastu mihi grandis uidebar.
Así que decidí aplicar mi ánimo a las Sagradas Escrituras y ver cómo eran. Y he aquí que veo algo no descubierto a los soberbios ni manifiesto a los niños, sino humilde a la entrada, sublime a medida que se avanza, y velado de misterios; y yo no era de tal condición que pudiera entrar en ello, o inclinar la cerviz a sus pasos. Porque no sentí entonces, al fijarme en aquella Escritura, lo que ahora digo, sino que me pareció indigna de compararla con la dignidad de Tulio. Mi hinchazón rechazaba su sencillez, y mi agudeza no penetraba su interior. Ella, sin embargo, era tal que crecería con los pequeños; pero yo desdeñaba ser pequeño, e, hinchado de orgullo, me creía grande.✦
Tulio: Marco Tulio Cicerón. Cf. Mt 11,25.
Itaque incidi in homines superbe delirantes, carnales nimis et loquaces, in quorum ore laquei diaboli et uiscum confectum conmixtione syllabarum nominis tui et domini Iesu Christi et paracleti consolatoris nostri spiritus sancti. haec nomina non recedebant de ore eorum, sed tenus sono et strepitu linguae; ceterum cor inane ueri. et dicebant: "ueritas et ueritas" et multum eam dicebant mihi et nusquam erat in eis, sed falsa loquebantur non de te tantum, qui uere ueritas es, sed etiam de istis elementis mundi, creatura tua, de quibus etiam uera dicentes philosophos transgredi debui prae amore tuo, mi pater summe bone, pulchritudo pulchrorum omnium. o ueritas, ueritas, quam intime etiam tum medullae animi mei suspirabant tibi, cum te illi sonarent mihi frequenter et multipliciter uoce sola et libris multis et ingentibus! et illa erant fercula, in quibus mihi esurienti te inferebatur sol et luna, pulchra opera tua, sed tamen opera tua, non tu, nec ipsa prima. priora enim spiritalia opera tua quam ista corporea quamuis lucida et caelestia. at ego nec priora illa, sed te ipsam, ueritas, in qua non est conmutatio nec momenti obumbratio, esuriebam et sitiebam. et apponebantur adhuc mihi in illis ferculis phantasmata splendida, quibus iam melius erat amare istum solem saltem istis oculis uerum quam illa falsa animo decepto per oculos. et tamen, quia te putabam, manducabam, non auide quidem, quia nec sapiebas in ore meo sicuti es — neque enim tu eras illa figmenta inania — nec nutriebar eis, sed exhauriebar magis. cibus in somnis simillimus est cibis uigilantium, quo tamen dormientes non aluntur; dormiunt enim. at illa nec similia erant ullo modo tibi, sicut nunc mihi locuta es, quia illa erant corporalia phantasmata, falsa corpora, quibus certiora sunt uera corpora ista, quae uidemus uisu carneo, siue caelestia siue terrestria: cum pecudibus et uolatilibus uidemus, et certiora sunt, quam cum imaginamur ea. et rursus certius imaginamur ea quam ex eis suspicamur alia grandiora et infinita, quae omnino nulla sunt. qualibus ego tunc pascebar inanibus et non pascebar. at tu, amor meus, in quem deficio, ut fortis sim, nec ista corpora es, quae uidemus quamquam in caelo, nec ea, quae non uidemus ibi, quia tu ista condidisti nec in summis tuis conditionibus habes. quanto ergo longe es a phantasmatis illis meis, phantasmatis corporum, quae omnino non sunt! quibus certiores sunt phantasiae corporum eorum, quae sunt, et eis certiora corpora, quae tamen non es. sed nec anima es, quae uita est corporum — ideo melior uita corporum certiorque quam corpora — sed tu uita es animarum, uita uitarum, uiuens te ipsa et non mutaris, uita animae meae.
Así fui a caer entre hombres que deliraban con soberbia, demasiado carnales y charlatanes, en cuya boca había lazos del diablo y una liga hecha con la mezcla de las sílabas de tu nombre, del de nuestro Señor Jesucristo y del Paráclito, nuestro consolador, el Espíritu Santo. Estos nombres no se apartaban de su boca, pero solo como sonido y ruido de la lengua; por lo demás, su corazón estaba vacío de verdad. Y decían: «Verdad, verdad», y me la nombraban mucho, y en ninguna parte estaba en ellos; sino que decían falsedades no solo de ti, que eres verdaderamente la Verdad, sino también de los elementos de este mundo, criatura tuya, acerca de los cuales, por amor a ti, debí dejar atrás incluso a los filósofos que decían verdades, oh Padre mío, sumamente bueno, hermosura de todas las cosas hermosas. ¡Oh Verdad, Verdad, cuán íntimamente suspiraban ya entonces por ti las médulas de mi alma, cuando ellos te hacían resonar ante mí a menudo y de muchas maneras, de palabra solamente y en muchos y enormes libros! Y esas eran las bandejas en que, a mí, hambriento de ti, se me servían el sol y la luna, hermosas obras tuyas, pero obras tuyas al fin, no tú, y ni siquiera las primeras. Porque tus obras espirituales son anteriores a estas corpóreas, por luminosas y celestes que sean. Pero yo no tenía hambre y sed ni siquiera de aquellas primeras, sino de ti misma, Verdad, en quien no hay cambio ni sombra de mudanza. Y se me seguían sirviendo en aquellas bandejas fantasmas espléndidos, en comparación con los cuales era mejor amar este sol, que es verdadero al menos para estos ojos, que aquellas falsedades, con el alma engañada por medio de los ojos. Y sin embargo, como creía que eras tú, comía; no con avidez, desde luego, porque no me sabías en la boca como eres —pues no eras tú aquellas ficciones vacías—, ni me alimentaba de ellas, sino que más bien me agotaba. El alimento soñado es muy parecido al alimento de los despiertos, pero los que duermen no se nutren con él, porque duermen. Pero aquellas cosas no se te parecían en modo alguno, como ahora me has dicho, porque eran fantasmas corpóreos, cuerpos falsos, más ciertos que los cuales son estos cuerpos verdaderos que vemos con la vista de la carne, sean celestes o terrestres: los vemos como los ven los animales y las aves, y son más ciertos que cuando los imaginamos. Y a su vez los imaginamos con más certeza que cuando, a partir de ellos, conjeturamos otros más grandes e infinitos, que no existen en absoluto. De tales vaciedades me alimentaba yo entonces, y no me alimentaba. Pero tú, amor mío, en quien desfallezco para ser fuerte, no eres estos cuerpos que vemos, aunque sea en el cielo, ni aquellos que no vemos allí, porque tú los creaste, y ni siquiera los cuentas entre tus creaciones más altas. ¡Cuán lejos estás, pues, de aquellos fantasmas míos, fantasmas de cuerpos que no existen en absoluto! Más ciertas que ellos son las imágenes de los cuerpos que existen, y más ciertos que estas, los cuerpos, que sin embargo tú no eres. Pero tampoco eres el alma, que es la vida de los cuerpos —por eso la vida de los cuerpos es mejor y más cierta que los cuerpos—, sino que tú eres la vida de las almas, vida de las vidas, que vives por ti misma y no cambias, vida de mi alma.✦
Los maniqueos, seguidores del profeta persa Mani (s. III), enseñaban un dualismo de dos principios eternos, la Luz y las Tinieblas, y veneraban el sol y la luna como receptáculos de luz divina. Agustín fue «oyente» de la secta unos nueve años.
Jn 14,6; Sant 1,17; Sal 17,2.
Vbi ergo mihi tunc eras et quam longe? et longe peregrinabar abs te exclusus et a siliquis porcorum, quos de siliquis pascebam. quanto enim meliores grammaticorum et poetarum fabellae quam illa decipula! nam uersus et carmen et Medea uolans utiliores certe quam quinque elementa uarie fucata propter quinque antra tenebrarum, quae omnino nulla sunt et occidunt credentem. nam uersum et carmen etiam ad uera pulmenta transfero; uolantem autem Medeam etsi cantabam, non asserebam, etsi cantari audiebam, non credebam: illa autem credidi, uae, uae! quibus gradibus deductus in profunda inferi, quippe laborans et aestuans inopia ueri, cum te, deus meus — tibi confiteor, qui me miseratus es et nondum confitentem — cum te non secundum intellectum mentis, quo me praestare uoluisti beluis, sed secundum sensum carnis quaererem. tu autem eras interior intimo meo et superior summo meo. offendi illam mulierem audacem, inopem prudentiae, aenigma Salomonis, sedentem super sellam in foribus et dicentem: panes occultos libenter edite et aquam dulcem furtiuam bibite. quae me seduxit, quia inuenit foris habitantem in oculo carnis meae et talia ruminantem apud me, qualia per illum uorassem.
¿Dónde estabas tú entonces para mí, y qué lejos? Y yo andaba peregrino lejos de ti, excluido incluso de las algarrobas de los cerdos, a los que alimentaba con algarrobas. ¡Cuánto mejores las fábulas de los gramáticos y los poetas que aquellas trampas! Porque el verso, el poema y Medea volando son ciertamente más útiles que los cinco elementos, coloreados de diversos modos para corresponder a los cinco antros de las tinieblas, que no existen en absoluto y matan al que cree en ellos. Pues el verso y el poema puedo convertirlos incluso en alimento verdadero; y a Medea volando, aunque la cantaba, no la afirmaba como verdad, y aunque la oía cantar, no la creía; pero aquellas cosas sí las creí. ¡Ay, ay! ¡Por qué peldaños fui bajando a las profundidades del abismo, fatigado y abrasado por la falta de verdad, cuando a ti, Dios mío —a ti te lo confieso, que tuviste compasión de mí aun cuando todavía no te confesaba—, cuando a ti te buscaba, no según la inteligencia de la mente, por la que quisiste que yo aventajara a las bestias, sino según el sentido de la carne! Pero tú eras más íntimo que lo más íntimo mío, y más alto que lo más alto mío. Tropecé con aquella mujer audaz y falta de prudencia, del enigma de Salomón, sentada en una silla a la puerta y diciendo: Coman con gusto los panes escondidos y beban el agua dulce robada. Ella me sedujo, porque me encontró viviendo afuera, en el ojo de mi carne, y rumiando en mi interior lo que por él había devorado.✦
Lc 15,16; Prov 9,13-17. Medea, hechicera del mito griego, huye por los aires en un carro tirado por dragones.
Los «cinco elementos» y los «cinco antros de las tinieblas» pertenecen a la cosmología maniquea.
Nesciebam enim aliud, uere quod est, et quasi acutule mouebar, ut suffragarer stultis deceptoribus, cum a me quaereretur, unde malum est et utrum forma corporea deus finiretur et haberet capillos et ungues et utrum iusti existimandi essent qui haberent uxores multas simul et occiderent homines et sacrificarent de animalibus. quibus rerum ignarus perturbabar et recedens a ueritate ire in eam mihi uidebar, quia non noueram malum non esse nisi priuationem boni usque ad quod omnino non est. quod unde uiderem, cuius uidere usque ad corpus erat oculis et animo usque ad phantasma? non noueram deum esse spiritum, non cui membra essent per longum et latum nec cui esse moles esset, quia moles in parte minor est quam in toto suo, et si infinita sit, minor est in aliqua parte certo spatio definita quam per infinitum et non est tota ubique sicut spiritus, sicut deus. et quid in nobis esset, secundum quod essemus, et quid in scriptura diceremur ad imaginem dei, prorsus ignorabam.
Porque no conocía otra realidad, la que verdaderamente es, y me sentía como movido por mi agudeza a dar la razón a aquellos necios engañadores cuando me preguntaban de dónde viene el mal, si Dios está limitado por una forma corpórea y tiene cabellos y uñas, y si debían ser considerados justos los que tenían muchas mujeres a la vez, mataban hombres y ofrecían sacrificios de animales. Ignorante de las cosas, me turbaba con estas preguntas, y, alejándome de la verdad, me parecía que iba hacia ella, porque no sabía que el mal no es sino privación del bien, hasta llegar a lo que no es en absoluto. ¿Cómo iba a verlo yo, cuyo ver no pasaba, con los ojos, del cuerpo, y con el alma, del fantasma? No sabía que Dios es espíritu, que no tiene miembros a lo largo y a lo ancho, ni cuyo ser es una masa; porque la masa es menor en una parte que en su todo, y, aunque sea infinita, es menor en alguna parte delimitada por un espacio determinado que en su infinitud, y no está toda entera en todas partes como el espíritu, como Dios. Y qué hay en nosotros por lo que somos, y en qué sentido dice la Escritura que somos a imagen de Dios, lo ignoraba por completo.✦
Las preguntas son objeciones maniqueas contra el Antiguo Testamento, que rechazaban: la poligamia de los patriarcas, las guerras y los sacrificios.
Jn 4,24; Gn 1,26.
Et non noueram iustitiam ueram interiorem non ex consuetudine iudicantem, sed ex lege rectissima dei omnipotentis, qua formarentur mores regionum et dierum pro regionibus et diebus, cum ipsa ubique ac semper esset, non alibi alia nec alias aliter, secundum quam iusti essent Abraham et Isaac et Iacob et Moyses et Dauid et illi omnes laudati ore dei; sed eos ab imperitis iudicari iniquos, iudicantibus ex humano die et uniuersos mores humani generis ex parte moris sui metientibus, tamquam si quis nescius in armamentis, quid cui membro adcommodatum sit, ocrea uelit caput contegi et galea calciari et murmuret, quod non apte conueniat, aut in uno die indicto a pomeridianis horis iustitio quisquam stomachetur non sibi concedi quod uenale proponere, quia mane concessum est, aut in una domo uideat aliquid tractari manibus a quoquam seruo, quod facere non sinatur qui pocula ministrat, aut aliquid post praesepia fieri, quod ante mensam prohibeatur, et indignetur, cum sit unum habitaculum et una familia, non ubique atque omnibus idem tribui. sic sunt isti qui indignantur, cum audierint illo saeculo licuisse iustis aliquid, quod isto non licet iustis, et quia illis aliud praecepit deus, istis aliud pro temporalibus causis, cum eidem iustitiae utrique seruierint, cum in uno homine et in uno die et in unis aedibus uideant aliud alii membro congruere et aliud iam dudum licuisse, post horam non licere, quiddam in illo angulo permitti aut iuberi, quod in isto iuxta uetetur et uindicetur. numquid iustitia uaria est et mutabilis? sed tempora, quibus praesidet, non pariter eunt; tempora enim sunt. homines autem, quorum uita super terram breuis est, quia sensu non ualent causas contexere saeculorum priorum aliarumque gentium, quas experti non sunt, cum his quas experti sunt, in uno autem corpore uel die uel domo facile possunt uidere, quid cui membro, quibus momentis, quibus partibus personisue congruat, in illis offenduntur, hic seruiunt.
Y no conocía la verdadera justicia interior, que no juzga según la costumbre, sino según la ley rectísima de Dios omnipotente, por la cual se forman las costumbres de los países y de los tiempos, según los países y los tiempos, mientras ella misma es en todas partes y siempre, no una en un lugar y otra en otro, ni de un modo en un tiempo y de otro en otro; según la cual fueron justos Abrahán, Isaac, Jacob, Moisés, David y todos aquellos alabados por boca de Dios. [No sabía] que estos son juzgados inicuos por los ignorantes, que juzgan según el día humano y miden todas las costumbres del género humano por la parte de su propia costumbre; como si alguien que no sabe, en materia de armaduras, qué conviene a cada miembro, quisiera cubrirse la cabeza con la greba y calzarse con el yelmo, y murmurara porque no le ajustan bien; o como si, en un día en que se ha decretado suspensión de los negocios a partir de la tarde, alguien se irritara porque no se le permite poner a la venta lo que se le permitió por la mañana; o como si, en una misma casa, viera que un esclavo cualquiera toca con las manos algo que no se permite tocar al que sirve las copas, o que se hace detrás de los establos algo que se prohíbe delante de la mesa, y se indignara porque, siendo una sola vivienda y una sola familia, no se concede a todos lo mismo en todas partes. Así son esos que se indignan cuando oyen que en aquella época se permitió a los justos algo que en esta no se permite a los justos, y que Dios mandó a aquellos una cosa y a estos otra, por razones temporales, aunque unos y otros sirvieron a la misma justicia; mientras ven que en un solo hombre, en un solo día y en una sola casa, una cosa conviene a un miembro y otra a otro, y que lo que hace un momento era lícito, una hora después no lo es, y que algo que se permite o se manda en aquel rincón se prohíbe y se castiga en este de al lado. ¿Acaso la justicia es variable y mudable? No, sino que los tiempos que ella rige no corren iguales, porque son tiempos. Pero los hombres, cuya vida sobre la tierra es breve, como no son capaces de enlazar con el entendimiento las causas de los siglos anteriores y de otros pueblos, que no han experimentado, con las que sí han experimentado, mientras que en un solo cuerpo, día o casa pueden ver fácilmente qué conviene a cada miembro, en qué momentos, en qué partes o a qué personas, en aquellos casos se escandalizan y en estos se someten.✦
Job 14,1. «Suspensión de los negocios» (iustitium): cierre oficial de tribunales y comercios decretado para ciertos días.
Haec ego tunc nesciebam et non aduertebam, et feriebant undique ista oculos meos et non uidebam. et cantabam carmina et non mihi licebat ponere pedem quemlibet et ubilibet, sed in alio atque alio metro aliter atque aliter et in uno aliquo uersu non omnibus locis eundem pedem; et ars ipsa, qua canebam, non habebat aliud alibi, sed omnia simul. et non intuebar iustitiam, cui seruirent boni et sancti homines, longe excellentius atque sublimius habere simul omnia quae praecipit et nulla ex parte uarie, tamen uariis temporibus non omnia simul, sed propria distribuentem ac praecipientem. et reprehendebam caecus pios patres non solum, sicut deus iuberet atque inspiraret, utentes praesentibus uerum quoque, sicut deus reuelaret, futura praenuntiantes.
Esto no lo sabía yo entonces ni lo advertía; y estas cosas me herían los ojos por todas partes, y no las veía. Y componía poemas, y no me era lícito poner cualquier pie en cualquier lugar, sino de un modo distinto en cada metro, y en un mismo verso no el mismo pie en todos los lugares; y el arte mismo con que componía no tenía una cosa en un lugar y otra en otro, sino todo a la vez. Y no veía que la justicia, a la que servían los hombres buenos y santos, contiene a la vez, de un modo mucho más excelente y sublime, todo lo que manda, y en ninguna parte es diversa, y que sin embargo, en tiempos diversos, no distribuye ni manda todo a la vez, sino lo propio de cada uno. Y, ciego, censuraba a los piadosos patriarcas, que no solo usaron de las cosas presentes según Dios lo mandaba e inspiraba, sino que también anunciaron el futuro según Dios lo revelaba.✦
«Pie»: unidad rítmica del verso latino (dáctilo, espondeo, etc.).
Numquid aliquando aut alicubi iniustum est diligere deum ex toto corde et ex tota anima et ex tota mente et diligere proximum tamquam te ipsum? itaque flagitia, quae sunt contra naturam, ubique ac semper detestanda atque punienda sunt, qualia Sodomitarum fuerunt. quae si omnes gentes facerent, eodem criminis diuina lege tenerentur, quae non sic fecit homines, ut hoc se uterentur modo. uiolatur quippe ipsa societas, quae cum deo nobis esse debet, cum eadem natura, cuius ille auctor est, libidinis peruersitate polluitur. quae autem contra mores hominum sunt flagitia, pro morum diuersitate uitanda sunt, ut pactum inter se ciuitatis aut gentis consuetudine uel lege firmatum nulla ciuis aut peregrini libidine uioletur. turpis enim omnis pars uniuerso suo non congruens. cum autem deus aliquid contra morem aut pactum quorumlibet iubet, etsi numquam ibi factum est, faciendum est, et si omissum, instaurandum, et si institutum non erat, instituendum est. si enim regi licet in ciuitate, cui regnat, iubere aliquid, quod neque ante illum quisquam nec ipse umquam iusserat, et non contra societatem ciuitatis eius obtemperatur, inmo contra societatem non obtemperatur — generale quippe pactum est societatis humanae oboedire regibus suis — quanto magis deus regnator uniuersae creaturae, cui ad ea quae iusserit sine dubitatione seruiendum est! sicut enim in potestatibus societatis humanae maior potestas minori ad oboediendum praeponitur, ita deus omnibus.
¿Acaso es injusto en algún tiempo o lugar amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, y amar al prójimo como a uno mismo? Por eso las infamias que son contra la naturaleza han de ser detestadas y castigadas siempre y en todas partes, como lo fueron las de los sodomitas. Aunque todos los pueblos las cometieran, serían reos del mismo crimen ante la ley divina, que no hizo a los hombres para que usaran de sí mismos de ese modo. Porque se viola la misma sociedad que debemos tener con Dios cuando la naturaleza, de la que él es autor, es manchada por la perversión de la lujuria. En cambio, las infamias que van contra las costumbres de los hombres han de evitarse según la diversidad de las costumbres, de modo que el pacto establecido entre sí por una ciudad o un pueblo, confirmado por la costumbre o por la ley, no sea violado por el capricho de ningún ciudadano o extranjero. Porque es fea toda parte que no armoniza con su todo. Pero cuando Dios manda algo contra la costumbre o el pacto de cualesquiera, aunque nunca se haya hecho allí, ha de hacerse; y si se ha dejado de hacer, ha de restablecerse; y si no estaba instituido, ha de instituirse. Porque si a un rey le es lícito, en la ciudad que gobierna, mandar algo que antes de él nadie, ni él mismo, había mandado nunca, y obedecerle no va contra la sociedad de su ciudad —más aún, no obedecerle sí va contra la sociedad, pues es pacto general de la sociedad humana obedecer a sus reyes—, ¡cuánto más a Dios, soberano de toda la creación, a quien hay que servir sin vacilar en lo que mande! Pues así como, entre las potestades de la sociedad humana, la potestad mayor está antepuesta a la menor para ser obedecida, así Dios a todas.✦
Mt 22,37-39; Gn 19,1-25.
Item in facinoribus, ubi libido est nocendi siue per contumeliam siue per iniuriam et utrumque uel ulciscendi causa, sicut inimico inimicus, uel adipiscendi alicuius extra conmodi, sicut latro uiatori, uel euitandi mali, sicut ei qui timetur, uel inuidendo, sicut feliciori miserior aut in aliquo prosperatus ei, quem sibi aequari timet aut aequalem dolet, uel sola uoluptate alieni mali, sicut spectatores gladiatorum aut inrisores aut inlusores quorumlibet. haec sunt capita iniquitatis, quae pullulant principandi et spectandi et sentiendi libidine aut una aut duabus earum aut simul omnibus, et uiuitur male aduersum tria et septem, psalterium decem chordarum, decalogum tuum, deus altissime et dulcissime. sed quae flagitia in te, qui non corrumperis? aut quae aduersus te facinora, cui noceri non potest? sed hoc uindicas, quod in se homines perpetrant, quia etiam cum in te peccant, inpie faciunt in animas suas, et mentitur iniquitas sibi siue corrumpendo ac peruertendo naturam suam, quam tu fecisti et ordinasti, uel inmoderate utendo concessis rebus uel in non concessa flagrando in eum usum, qui est contra naturam; aut rei tenentur animo et uerbis saeuientes aduersus te et aduersus stimulum calcitrantes, aut cum diruptis limitibus humanae societatis laetantur audaces priuatis conciliationibus aut diremptionibus, prout quidque delectauerit aut offenderit. et ea fiunt, cum tu derelinqueris, fons uitae, qui es unus et uerus creator et rector uniuersitatis, et priuata superbia diligitur in parte, unum falsum. itaque pietate humili reditur in te et purgas nos a consuetudine mala et propitius es peccatis confitentium et exaudis gemitus conpeditorum et soluis a uinculis, quae nobis fecimus, si iam non erigamus aduersus te cornua falsae libertatis auaritia plus habendi et damno totum amittendi, amplius amando proprium nostrum quam te, omnium bonum.
Lo mismo sucede con los crímenes, en los que hay deseo de dañar, ya sea con la afrenta, ya con la injuria, y ambas cosas: o por causa de venganza, como el enemigo contra el enemigo; o por conseguir alguna ventaja ajena, como el salteador contra el viajero; o por evitar un mal, como contra aquel a quien se teme; o por envidia, como el más desdichado contra el más feliz, o el que ha prosperado en algo contra aquel a quien teme ver igualado consigo o le duele ver ya igualado; o por el solo placer del mal ajeno, como los espectadores de los gladiadores o los que se burlan y mofan de cualquiera. Estas son las cabezas de la iniquidad, que brotan del deseo de dominar, de mirar y de sentir, de uno de ellos, de dos o de todos a la vez; y así se vive mal contra los tres y los siete, el salterio de diez cuerdas, tu decálogo, Dios altísimo y dulcísimo. Pero ¿qué infamias puede haber contra ti, que no te corrompes? ¿O qué crímenes contra ti, a quien no se puede dañar? Lo que castigas es lo que los hombres cometen contra sí mismos, porque, aun cuando pecan contra ti, obran impíamente contra sus propias almas, y la iniquidad se miente a sí misma, ya corrompiendo y pervirtiendo su naturaleza, que tú hiciste y ordenaste, ya usando sin medida de las cosas permitidas, ya ardiendo por las no permitidas en un uso que es contra la naturaleza; o se hacen culpables enfureciéndose de pensamiento y de palabra contra ti y dando coces contra el aguijón; o cuando, rotos los límites de la sociedad humana, se alegran audaces con alianzas o rupturas particulares, según lo que les haya agradado u ofendido. Y esto sucede cuando se te abandona a ti, fuente de vida, que eres el único y verdadero creador y gobernador del universo, y se ama con soberbia privada una parte, una falsa unidad. Así pues, con humilde piedad se vuelve a ti, y tú nos purificas de la mala costumbre, y eres propicio a los pecados de los que confiesan, y escuchas los gemidos de los encadenados, y nos sueltas de las cadenas que nosotros mismos nos hicimos, con tal que no alcemos ya contra ti los cuernos de una falsa libertad, por la avaricia de tener más y con el riesgo de perderlo todo, amando más nuestro bien propio que a ti, bien de todos.✦
«Los tres y los siete»: los tres mandamientos referidos a Dios y los siete referidos al prójimo, que forman el decálogo; cf. Sal 143,9 («salterio de diez cuerdas»).
1 Jn 2,16; Sal 26,12; Hch 9,5; Jr 2,13; Sal 101,21; Sal 74,5-6.
Sed inter flagitia et facinora et tam multas iniquitates sunt peccata proficientium, quae bene iudicantibus et uituperantur ex regula perfectionis et laudantur spe frugis sicut herba segetis. et sunt quaedam similia uel flagitio uel facinori et non sunt peccata, quia nec te offendunt, dominum deum nostrum, nec sociale consortium, cum conciliantur aliqua in usum uitae congrua et tempori, et incertum est an libidine habendi, aut puniuntur corrigendi studio potestate ordinata, et incertum est an libidine nocendi. multa itaque facta, quae hominibus inprobanda uiderentur, testimonio tuo adprobata sunt et multa laudata ab hominibus te teste damnantur, cum saepe se aliter habet species facti et aliter facientis animus atque articulus occulti temporis. cum uero aliquid tu repente inusitatum et inprouisum imperas, etiamsi hoc aliquando uetuisti, quamuis causam imperii tui pro tempore occultes et quamuis contra pactum sit aliquorum hominum societatis, quis dubitet esse faciendum, quando ea iusta est societas hominum, quae seruit tibi? sed beati qui te imperasse sciunt. fiunt enim omnia a seruientibus tibi uel ad exhibendum, quod ad praesens opus est, uel ad futura praenuntianda.
Pero entre las infamias, los crímenes y tantas iniquidades, están los pecados de los que van progresando, que quienes juzgan bien vituperan según la regla de la perfección, y a la vez alaban por la esperanza del fruto, como la hierba de la mies. Y hay algunas acciones semejantes a la infamia o al crimen que no son pecados, porque no te ofenden a ti, Señor, Dios nuestro, ni a la comunidad social: como cuando se procuran ciertas cosas convenientes para el uso de la vida y para el momento, y no es seguro si es por afán de poseer; o cuando la autoridad legítima castiga con deseo de corregir, y no es seguro si es por deseo de dañar. Así, muchos hechos que a los hombres les parecerían reprobables son aprobados por tu testimonio, y muchos alabados por los hombres son condenados, siendo tú testigo; porque a menudo una cosa es la apariencia del hecho, y otra la intención del que lo hace y la coyuntura oculta del momento. Pero cuando tú mandas de repente algo insólito e imprevisto, aunque alguna vez lo hayas prohibido, y aunque por el momento ocultes la causa de tu mandato, y aunque vaya contra el pacto de la sociedad de algunos hombres, ¿quién dudará de que ha de hacerse, si es justa la sociedad humana que te sirve? Pero dichosos los que saben que tú lo has mandado. Porque todo lo que hacen tus siervos se hace o para mostrar lo que es necesario en el presente, o para anunciar el futuro.✦
Mc 4,28.
Haec ego nesciens inridebam illos sanctos seruos et prophetas tuos. et quid agebam, cum inridebam eos, nisi ut inriderer abs te sensim atque paulatim perductus ad eas nugas, ut crederem ficum plorare, cum decerpitur, et matrem eius arborem lacrimis lacteis? quam tamen ficum si comedisset aliquis sanctus alieno sane, non suo scelere decerptam, misceret uisceribus et anhelaret de illa angelos, inmo uero particulas dei gemendo in oratione atque ructando: quae particulae summi et ueri dei ligatae fuissent in illo pomo, nisi electi sancti dente ac uentre soluerentur. et credidi miser magis misericordiam praestandam fructibus terrae quam hominibus, propter quos nascerentur. si quis uero esuriens peteret, qui manichaeus non esset, quasi capitali supplicio damnanda buccella uideretur, si ei daretur.
Ignorando esto, me burlaba yo de aquellos santos siervos y profetas tuyos. ¿Y qué hacía al burlarme de ellos, sino ser burlado por ti, siendo llevado poco a poco, insensiblemente, a tales necedades que llegué a creer que el higo llora cuando se lo arranca, y que la higuera, su madre, derrama lágrimas de leche? Y que, sin embargo, si algún santo comía ese higo, arrancado por el crimen de otro y no por el suyo, lo mezclaría con sus entrañas y exhalaría de él ángeles, más aún, partículas de Dios, al gemir en la oración y al eructar; partículas del sumo y verdadero Dios que habrían quedado atadas en aquel fruto si no las liberaran el diente y el vientre del santo elegido. Y creí, desdichado, que había que tener más misericordia con los frutos de la tierra que con los hombres, para quienes nacían. Pues si alguien hambriento, que no fuera maniqueo, pidiera de comer, parecería que el bocado que se le diera merecía ser condenado con la pena capital.✦
Según los maniqueos, en las plantas y frutos quedaban atrapadas partículas de la luz divina; los «elegidos» (electi), que no podían arrancarlos, las liberaban al comer lo que les llevaban los simples «oyentes» (auditores).
Et misisti manum tuam ex alto et de hac profunda caligine eruisti animam meam, cum pro me fleret ad te mea mater, fidelis tua, amplius quam flent matres corporea funera. uidebat enim illa mortem meam ex fide et spiritu, quem habebat ex te, et exaudisti eam, domine. exaudisti eam nec despexisti lacrimas eius, cum profluentes rigarent terram sub oculis eius in omni loco orationis eius: exaudisti eam. nam unde illud somnium, quo eam consolatus es, ut uiuere mecum cederet et habere mecum eandem mensam in domo? quod nolle coeperat auersans et detestans blasphemias erroris mei. uidit enim se stantem in quadam regula lignea et uenientem ad se iuuenem splendidum hilarem atque arridentem sibi, cum illa esset maerens et maerore confecta. qui cum causas ab ea quaesisset maestitiae suae cotidianarumque lacrimarum docendi, ut adsolet, non discendi gratia, atque illa respondisset perditionem meam se plangere, iussisse illum, quo secura esset, atque admonuisse, ut adtenderet et uideret, ubi esset illa, ibi esse et me. quod illa ubi adtendit, uidit me iuxta se in eadem regula stantem. unde hoc, nisi quia erant aures tuae ad cor eius, o tu bone omnipotens, qui sic curas unumquemque nostrum, tamquam solum cures, et sic omnes, tamquam singulos?
Y extendiste tu mano desde lo alto, y sacaste mi alma de esta profunda tiniebla, mientras mi madre, tu fiel, lloraba por mí ante ti más de lo que las madres lloran los funerales de los cuerpos. Porque ella veía mi muerte con la fe y el espíritu que tenía de ti; y tú la escuchaste, Señor. La escuchaste, y no despreciaste sus lágrimas, que, corriendo, regaban la tierra bajo sus ojos en todo lugar donde oraba: la escuchaste. Porque ¿de dónde, si no, aquel sueño con que la consolaste, para que consintiera en vivir conmigo y compartir la misma mesa en casa? Pues había empezado a no querer hacerlo, rechazando y detestando las blasfemias de mi error. Se vio, en efecto, de pie sobre una regla de madera, y que venía hacia ella un joven resplandeciente, alegre y sonriéndole, mientras ella estaba afligida y consumida por la aflicción. Y cuando él le preguntó las causas de su tristeza y de sus lágrimas cotidianas —para enseñar, como suele suceder, no para aprender—, y ella respondió que lloraba mi perdición, él le mandó, para tranquilizarla, y le advirtió que mirara y viera que donde estaba ella, allí estaba también yo. Y cuando ella miró, me vio de pie junto a ella sobre la misma regla. ¿De dónde esto, sino de que tus oídos estaban junto a su corazón, oh tú, bueno y omnipotente, que cuidas de cada uno de nosotros como si solo cuidaras de él, y de todos como de cada uno?✦
Sal 143,7; Sal 85,13. La «regla» (regula) evoca la regla de la fe, en la que Agustín acabaría estando junto a su madre.
Vnde illud etiam, quod cum mihi narrasset ipsum uisum et ego ad id detrahere conarer, ut illa se potius non desperaret futuram esse quod eram, continuo sine aliqua haesitatione: "non" inquit; "non enim mihi dictum est: ubi ille, ibi et tu, sed: ubi tu, ibi et ille." confiteor tibi, domine, recordationem meam, quantum recolo, quod saepe non tacui, amplius me isto per matrem responso tuo, quod tam uicina interpretationis falsitate turbata non est et tam cito uidit quod uidendum fuit, quod ego certe, antequam dixisset, non uideram, etiam tum fuisse conmotum quam ipso somnio, quo feminae piae gaudium tanto post futurum ad consolationem tunc praesentis sollicitudinis tanto ante praedictum est. nam nouem ferme anni secuti sunt, quibus ego in illo limo profundi ac tenebris falsitatis, cum saepe surgere conarer et grauius alliderer, uolutatus sum, cum tamen illa uidua casta, pia et sobria, quales amas, iam quidem spe alacrior, sed fletu et gemitu non segnior, non desineret horis omnibus orationum suarum de me plangere ad te, et intrabant in conspectum tuum preces eius, et tamen dimittebas adhuc uolui et inuolui illa caligine.
¿De dónde también aquello: que, cuando me contó esta visión y yo trataba de torcerla en el sentido de que más bien era ella la que no debía desesperar de llegar a ser lo que yo era, al instante, sin ninguna vacilación, me dijo: «No; porque no se me dijo: Donde está él, allí estás también tú, sino: Donde estás tú, allí está también él»? Te confieso, Señor, mi recuerdo, según lo que alcanzo a recordar —y no lo he callado muchas veces—: que me impresionó más esta respuesta tuya por medio de mi madre, que no se turbó ante la falsedad tan verosímil de mi interpretación y vio tan pronto lo que había que ver, y que yo ciertamente no había visto antes de que ella lo dijera, que el sueño mismo, por el que se le anunció a aquella mujer piadosa, tanto tiempo antes, un gozo que llegaría tanto tiempo después, para consuelo de su angustia de entonces. Porque siguieron casi nueve años en que yo me revolqué en aquel cieno del abismo y en las tinieblas de la falsedad, intentando a menudo levantarme y cayendo con más fuerza; mientras aquella viuda casta, piadosa y sobria, como las que tú amas, ya más animada por la esperanza, pero no menos asidua en el llanto y el gemido, no dejaba de llorar por mí ante ti a todas las horas de sus oraciones; y sus súplicas entraban en tu presencia, y sin embargo todavía me dejabas revolverme y envolverme en aquella tiniebla.✦
Sal 68,3; Sal 87,3; 1 Tim 5,5. Mónica había quedado viuda hacia el 371, al morir Patricio.
Et dedisti alterum responsum interim, quod recolo. nam et multa praetereo, propter quod propero ad ea quae me magis urguent confiteri tibi, et multa non memini. dedisti ergo alterum per sacerdotem tuum, quendam episcopum nutritum in ecclesia et exercitatum in libris tuis. quem cum illa femina rogasset, ut dignaretur mecum conloqui et refellere errores meos et dedocere me mala ac docere bona - faciebat enim hoc, quos forte idoneos inuenisset - noluit ille, prudenter sane, quantum sensi postea. respondit enim me adhuc esse indocilem, et quod inflatus essem nouitate haeresis illius et nonnullis quaestiunculis iam multos inperitos exagitassem, sicut illa indicauerat ei. "sed" inquit "sine illum ibi. tantum roga pro eo dominum: ipse legendo reperiet, quis ille sit error et quanta inpietas." simul etiam narrauit se quoque paruulum a seducta matre sua datum fuisse manichaeis et omnes paene non legisse tantum uerum etiam scriptitasse libros eorum sibique adparuisse nullo contra disputante et conuincente, quam esset illa secta fugienda: itaque fugisse. quae cum ille dixisset atque illa nollet adquiescere, sed instaret magis deprecando et ubertim flendo, ut me uideret et mecum dissereret, ille iam substomachans: "uade" inquit "a me; ita uiuas, fieri non potest, ut filius istarum lacrimarum pereat." quod illa ita se accepisse inter conloquia sua mecum saepe recordabatur, ac si de caelo sonuisset.
Y entretanto diste otra respuesta, que recuerdo. Porque paso por alto muchas cosas, ya que me apresuro a las que más me urge confesarte, y muchas no las recuerdo. Diste, pues, otra por medio de un sacerdote tuyo, un obispo criado en la Iglesia y versado en tus libros. Cuando aquella mujer le rogó que se dignara conversar conmigo, refutar mis errores, desenseñarme lo malo y enseñarme lo bueno —pues lo hacía con los que encontraba aptos—, él no quiso, con mucha prudencia, según comprendí después. Le respondió que yo era todavía indócil, y que estaba hinchado por la novedad de aquella herejía y ya había desconcertado a muchos inexpertos con algunas cuestioncillas, como ella misma le había indicado. «Pero —dijo— déjalo estar. Solo ruega por él al Señor: él mismo, leyendo, descubrirá cuál es aquel error y cuán grande su impiedad». Al mismo tiempo le contó que también él, de pequeño, había sido entregado a los maniqueos por su madre, que había sido seducida por ellos, y que no solo había leído casi todos sus libros, sino que incluso los había copiado, y que se le había hecho evidente, sin que nadie discutiera con él ni lo convenciera, cuánto había que huir de aquella secta; y que por eso había huido. Como, después de decirle esto, ella no quería aquietarse, sino que insistía más, suplicando y llorando copiosamente para que me viera y discutiera conmigo, él, ya algo molesto, le dijo: «Vete de aquí; ¡así vivas tú!: no es posible que perezca el hijo de esas lágrimas». Y ella, en sus conversaciones conmigo, recordaba a menudo que lo había recibido como si hubiera resonado desde el cielo.✦
«¡Así vivas tú!»: fórmula de insistencia y súplica, equivalente a «¡por tu vida!».
Fuente del texto original: Texto latino: edición de Pius Knöll, CSEL 33 (Viena, 1896; dominio público), transcripción digital de Open Greek and Latin (csel-dev), CC BY-SA 4.0. La columna latina se distribuye con esa misma licencia.