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Pueblos antiguos · Popol Vuh (selección)

Capítulo 5 · La soberbia de Vucub-Caquix («Siete Guacamaya») como falso sol y la misión de Hunahpú e Ixbalanqué

Vuꜫub Caquix — In ꜫih, in loc, in pu pooh

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Are cut xa hubic zac na tanoh vvachvleu mahabi quih hun cut cunimarizah rib, vvcub caquix vbi, qo nabe cah vleu, xa ca moymot v vach quih ic caqha curi: xaui xere vzaquetal vinac rÿ, xbutic queheri naual vinac vqoheic in nim quiqohe chic chuvi vinac ꜩa vinac bit in vquih in pu vzac in naipu riquil ta chuxoc, nim nu zaquil in binibal, in pu chacabal rumal vinac.

Había entonces apenas una tenue claridad sobre la faz de la tierra; aún no había sol. Sin embargo, había uno que se engrandecía a sí mismo: Vucub-Caquix [Siete Guacamaya] era su nombre. Existían ya el cielo y la tierra, pero estaba velada la faz del sol y de la luna. Y aquel decía: «Ciertamente esta es solo la señal clara de las gentes que se ahogaron en el diluvio, cuya existencia es como la de seres prodigiosos. ¡Yo seré grande ahora por encima de las criaturas formadas y modeladas! ¡Yo soy su sol, yo soy su claridad y yo soy también su luna! ¡Así sea! Grande es mi resplandor: por mí caminarán y por mí tendrán sostén los seres humanos,✦

2

rumal puvac vbac nuvach xa catiltotic chi yamanic raxa cuval naypu ve raxcauacoh chi abah queheri v va cah are curi nu ꜩam zachuluhuh chinah queheri ic puvac cut nu calibal cazac paque vvach vleu ta quinel vloc chuvach nu calibal quehe cut in quih vi in pu ic rumal zaquil al zaquil qahol ta chuxoc rumal chinah copon vi nu vach: qhari vucub caquix macu quiꜩih are ta quih,

porque de plata son las pupilas de mis ojos, resplandecientes como piedras preciosas y verdes esmeraldas; y mis dientes brillan con pedrería azul-verde como la faz del cielo; y esta nariz mía relumbra de lejos como la luna; y de plata es mi trono, que ilumina la faz de la tierra cuando salgo delante de mi asiento. ¡Así pues, yo soy el sol y yo soy la luna para los hijos esclarecidos y los vasallos de la luz! ¡Que así sea, porque hasta muy lejos alcanza mi faz!», decía Vucub-Caquix. Pero no era verdad que Vucub-Caquix fuese el sol,

3

ri, vcub caquix xere cunimarizah rib rivxic vpuvaC xere cut tocol vi v vach ri chicube vi mana ronohelta vxecah copon vi vvach.

sino que tan solo se envanecía por sus plumas y su plata; y su vista alcanzaba únicamente allí donde se posaba, pues su faz no llegaba a todo lo que está bajo el cielo.

4

maha cut qui quiloc v vach quih, ic chumil mahaoc cazaquiroc quehe cut cucobizah vi rib ri vucub caquix chiquihil, chi iquil xa maha chicatunoc chicalahoboc vzaquil quih ic xa xuraih nimal icouen are ta xbanic butic cumal poy aham che quehe cut xchicabÿh chic ta xcamic vucub caquix ta xchacatahic, ta xbanatahic vinac rumal ahꜩac, ahbit.

Aún no se veía, pues, la faz del sol, de la luna ni de las estrellas; todavía no había amanecido. Por eso Vucub-Caquix se jactaba como si fuera el sol y la luna, porque aún no se había manifestado ni brillaba la claridad del sol y de la luna, y él solo codiciaba engrandecerse y sobrepasar todo. Esto sucedió cuando se hizo el diluvio por causa de los muñecos de madera labrada. Y ahora contaremos cómo murió Vucub-Caquix, cómo fue vencido y cómo fue hecho el ser humano por el Arquitecto y el Formador.

5

Vae vxe vchacatahic v yicoxic chi puch v quih vucub ca quix cumal e caib qaholab hun ahpu vbi hun, xbalanque vbi vcab xavi e cabauil rumal iꜩel xquilo ri nimarizai rib xrah vban chuvach vqux cah, xqha curi qaholab mavi vꜩ ta chuxoc mavi chiqaze vinac varal chuvach vleu quehe cut chicatih, v vbaxic chuvi recha chica v vbah vi chiri chicacoh vi viab ta quizoc v quinomal, v xit, v puvac v cual, v yamanic ri cucacabeh que he cut chubano ronohel vinac.

Este es el principio de la derrota y de la ruina del día [del poder] de Vucub-Caquix por obra de los dos muchachos: Hunahpú era el nombre del primero e Ixbalanqué el nombre del segundo. Ellos eran también dioses [cabauil]; y como vieron que era malo aquel engrandecimiento que aquel pretendía hacer delante del Corazón del Cielo, dijeron los muchachos: «No está bien que esto sea así, pues el ser humano no podrá vivir aquí sobre la faz de la tierra. Por eso probaremos a tirarle con la cerbatana sobre su comida; allí le dispararemos y le causaremos una dolencia, para que se acaben sus riquezas, sus jades, su plata, sus esmeraldas y sus joyas, de las cuales se enorgullece. ¡Así deberán hacerlo todos los seres humanos!✦

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maui are chivinaquir vi ꜫaꜫal ri xa puvac ta chuxoc xeqha ri qaholab huhun chi vb quitelen qui cabichal are curi vvcub caquix e caib v qahol are nabe al ri zipacna, vcab al chicut ri cabracan chimalmat cut vbi qui chuch rixoquil ri vvcub caquix are curi zipacna are chirechaah ri nimac huiub.

No ha de brotar la majestad tan solo de la plata; ¡que así sea!», dijeron los muchachos, llevando cada uno su cerbatana al hombro, los dos juntos. Ahora bien, este Vucub-Caquix tenía dos hijos: el primogénito era Zipacná y el segundo hijo era Cabracán; y la madre de ellos se llamaba Chimalmat, esposa de Vucub-Caquix. Y este Zipacná jugaba a la pelota con las grandes montañas:✦

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ri chicac hun ahpu pe cul ya xcanul macamob huliznab chuchaxic vbi huiub xqolic ta chi zaquiric xa hun aꜫab chi vi- naquiric rumal ri zipacna are ri chicuri cabracan chizilab huiub rumal chi ne bouic chuti huiub, nima huyub rumal, xaui quehe nimarizabal quib xquibano vqahol vvcub caquix ixva,

los montes llamados Chicag [Volcán de Fuego], Hunahpú [Volcán de Agua], Pecul, Yaxcanul [Volcán Santa María], Macamob y Huliznab: estos son los nombres de los volcanes y montañas que existían cuando amaneció, y que en una sola noche habían sido levantados por Zipacná. Y a su vez Cabracán sacudía los montes, y por él temblaban las montañas pequeñas y las montañas grandes. De este modo se engrandecían también los hijos de Vucub-Caquix:✦

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in quih xqha vucub caquix inva, in banol vleu xqha ri zipacna, in chicut quiyou cah chinvlih ronohel vleu xqhari cabracan xavi vqahol vvcub caquix xaui chiri xquicam vi quinimal chirih qui cahau are cut iꜩel xquil vi qaholab, maha chibantahoc canabe chuch canabe cahau quehe cut xnohix vi qui camic qui zachic cumal qaholab.

«¡Mírenme: yo soy el sol!», decía Vucub-Caquix. «¡Mírenme: yo soy el hacedor de la tierra!», decía Zipacná. «¡Y yo soy quien sacude el cielo y quien derrumba toda la tierra!», decía Cabracán. También los hijos de Vucub-Caquix tomaban así su arrogancia a imitación de su padre. Y esto pareció mal a los ojos de los muchachos —cuando aún no habían sido creados nuestra primera madre y nuestro primer padre—; y por eso fue dispuesta por los muchachos la muerte y la destrucción de aquellos.

Fuente del texto original: Manuscrito de fray Francisco Ximénez (ca. 1701–1703), Newberry Library de Chicago, Ayer MS 1515, vol. 2, dominio público. Transcripción de la Ohio State University Libraries en la edición digital del proyecto Multepal, https://github.com/ontoligent/popolwuj, licencia MIT; cotejada con la edición de Brasseur de Bourbourg (París, 1861, dominio público).