Capítulo 4 · El sorteo adivinatorio de Xpiyacoc e Xmucané, la hechura de los hombres de madera y su destrucción por el diluvio
Poy aham che — Rih ixim, rih ꜩite
Xeqha qu ri huracan ruq tepeu gucumaꜩ ta xquibih chirech ahquih ah bit enic vachinel xuculu, xa pu churico cheta chic chi cauinac bitoh, chica vinac ꜩacoh ta chic ꜩucul cool coh ziquixtah, cohnabaxtah puch, catoc ta cut pa ꜩih iyom mamom catit camam xpiyacoc, xmuca ne chatah ta chavaxoc, ta zaquiroc ca ziquixic,
Dijeron entonces Huracán, Tepeu y Gucumatz cuando hablaron al adivino de los días y al formador, que son los videntes: «Hay que encontrar, hay que descubrir cómo modelaremos al ser humano y cómo formaremos otra vez a quien nos sustente y nos nutra, para que seamos invocados y seamos recordados. ¡Entren, pues, en palabra, oh Madre-Concebido y Padre-Engendrador, nuestra Abuela y nuestro Abuelo, Xpiyacoc e Xmucané! Hagan que germine y que amanezca nuestra invocación,
ca toquexic ca nabaxic rumal vinac ꜩac, vinac bit, vinac poy, vinac anom cha ta chuxoc chicutun ibi hunahpu vuch, hunahpu vtiu camul alom, camul qaholom nimac nima ꜩÿz ah cuval ah yamanic ah chut ahꜩalam, ah raxalac, ah raxazel ah eol, ah toltecat ratit quih ra tiꜩac quixvqhaxic rumal caꜩac cabit chimala chi ixim,
nuestro sostén y nuestra memoria por parte del hombre formado, del hombre modelado, del hombre-muñeco, del hombre labrado: hagan que así sea. ¡Manifiéstese el nombre de ustedes, Hunahpú-Vuch, Hunahpú-Utiú, dos veces Madre, dos veces Padre, Gran Jabalí, Gran Pizote, el de las Esmeraldas, el Orfebre de Joyas, el Tallador, el Escultor, el del Plato Verde, el de la Jícara Azul, el Maestro de la Resina de Copal, el Maestro Tolteca [Artífice], Abuela del Sol, Abuela de la Claridad, como serán llamados por nuestra obra y nuestra criatura! ¡Echen la suerte con los granos de maíz✦
ah cuval, ah yamanic, ah chut, ah ꜩalam... ah toltecat: letanía de oficios sagrados: lapidario de jades (aj k'uwal), joyero (aj yamanik), cincelador (aj ch'ut), entallador (aj tz'alam), incensador (aj q'ol) y maestro de las artes (aj toltekat, préstamo del náhuatl toltecatl).
chi ꜩite xa chibanatahic xa pu chel apan oc chicahah chicacotah puch vchi vvach che xevqhaxic e ah quih cate puch vcahic v quihiloxic ri xmalic chi ixim chiꜩite quih bit xeqha quri hunatit hunmama chiquech are ri mama are ah ꜩite xpiyacoc vbi.
y con las semillas rojas de tzité [pito], para ver si se hará y si resultará que labremos y tallemos en madera su boca y su rostro!», se les dijo a los adivinos. Y al punto vino la bajada y el sorteo de quienes palparon la suerte con el maíz y con el tzité: «¡Sol [Día] y Formación!», les dijeron entonces la Abuela y el Abuelo. Y este Abuelo era el maestro del tzité, llamado Xpiyacoc,✦
chimala chi ixim, chi ꜩite: «echen la suerte / palpen (mala') con granos de maíz (ixim) y con semillas rojas del árbol de pito (tz'ite', Erythrina corallodendron)», el método clásico de adivinación calendárica de los ajq'ijab' (contadores de los días) mayas.
arecu riatit ahquih ahbit chi racan xmucane vbi xeqha cut ta xquitiquiba quih xa chuculu xa pu chu rico chabÿh cata caxiquin, caqhauic caꜩihontah xa chuculu ri che chahavaxic chicotox puch cumal ahꜩac ahbit. ve are ꜩucul cool ta chavax oc tazaquiroc at ixim at ꜩite, at quih, at bit. catchoconic cattaquentah xqha chire ixim q,ite, quih bit.
y la Abuela era la adivina de los días y la formadora a sus pies, llamada Xmucané. Y dijeron cuando dieron principio al sorteo: «¡Que se halle, que se descubra! ¡Di, pues —nuestro oído escucha—, habla y conversa, si ha de acertarse que la madera sea labrada y tallada por el Arquitecto y el Formador, y si este será el sustentador y el nutridor cuando se siembre y cuando amanezca! ¡Tú, maíz; tú, tzité; tú, día [suerte]; tú, formación: únanse y acoplemos sus suertes!», dijeron al maíz, al tzité, a los días y a la formación.
cat quixla vloc at vqux cah macahizah vchi vvach tepeu gucumaꜩ xeqha ta xquibih cut v zuculiquil vꜩ are chuxic ri i poy aham che chiqhauic chiꜩihon bala chuvach vleu ta chuxoc xeqha cut ta xquibih huzuc xbanic poy aham che xe vinac vachinic xe vinac ꜩihonic puch are vina quil vvach vleu xevxic xe poquic xemealanic,
«¡Avergüénzate aquí, tú, Corazón del Cielo; no hagas caer en afrenta la boca y el rostro de Tepeu y Gucumatz!», dijeron. Y entonces declararon la verdad derecha: «¡Que salgan bien sus muñecos labrados en madera [poy aham che]; que hablen y conversen sobre la faz de la tierra! — ¡Que así sea!», respondieron cuando hablaron. Y al instante fue hecho el muñeco labrado en madera; se parecieron a seres humanos y hablaron como seres humanos, y fueron los pobladores de la faz de la tierra; existieron, se multiplicaron, tuvieron hijas✦
poy aham che: «muñecos o maniquíes (poy) de madera labrada/tallada (ajam che')», la segunda humanidad ensayada por los dioses.
xeqaholonic ri poy aham che macu habi qui qux ma pu habi quinaoh maui natal cah ꜩac cah bit xaloc xebinic, xecha canic maui xquinatah chic ri vqux cah quehe cut xepah chivi xa vtihtobexic xa pu v va babexic chi vinac queqhau nabec, xa chaquih qui vach mana zonol cacan, quieab mahabi qui quiquel,
y tuvieron hijos aquellos muñecos de madera labrada; pero no tenían corazón [qux] ni tenían sabiduría [naoh]; no se acordaban de su Formador ni de su Creador; caminaban sin rumbo y andaban a gatas; ya no recordaban al Corazón del Cielo, y por eso cayeron. Fueron tan solo un ensayo y un experimento de seres humanos: hablaban al principio, pero su rostro estaba seco; no tenían consistencia sus pies ni sus manos; no tenían sangre✦
macu habi qui qux, ma pu habi quinaoh: «pero no tenían corazón (k'ux) ni tenían entendimiento/sabiduría (na'oj)», razón teológica de su caída: dotados de habla y locomoción mecánicas, carecían de memoria interior y gratitud hacia el Corazón del Cielo.
qui comahil, ma habi qui ticoual, qui cabchÿal cha quih coꜩ qoh qui vach. ca pichipoh cacan, quicab caie ioh quitiohil quehe cut maui xenau chivi chuvach ꜩacol bitol alai quech, quxlaai quech enabe ꜩaꜩ chivinac xevxic varal chuvach vleu
ni sustancia vital, ni tenían sudor ni grosura; secas y hundidas estaban sus mejillas, tiesos sus pies y sus manos, y amarillenta y enjuta su carne. Por eso no pensaban más en el Creador ni en el Formador, en los que les dieron el ser y el aliento. Estos fueron los primeros numerosos seres humanos que existieron aquí sobre la faz de la tierra.
Catecut qui quÿzic chic qui mayxic qui cutuxic puch xe camizax chic poy aham che ta xnohix quibutic rumal vqux cah nima butic xbanic xpe pa quivi ri e poy e aham che q,ite vtiohil ri achih, ta xahaxic, rumal ꜩacol bitol, ixoc zibac cut vtiohil ixoc.
Y en seguida llegó su fin, su ruina y su quebrantamiento: fueron muertos de nuevo los muñecos de madera labrada cuando el Corazón del Cielo dispuso su inundación. Un gran diluvio [nima butic] fue hecho, que cayó sobre las cabezas de aquellos muñecos de madera labrada. De árbol de tzité era la carne del varón cuando fue labrado por el Creador y el Formador; y en cuanto a la mujer, de médula de espadaña [zibac] quiso el Creador y el Formador que entrara la carne de la mujer.✦
ꜩite vtiohil ri achih... zibac cut vtiohil ixoc: el cuerpo del varón fue tallado en madera de pito (tz'ite') y el de la mujer en médula de junco o espadaña (sib'aq).
xrah oquic rumal ꜩacol bitol maui xenauic, ma pu xeqhauic chu vach cah ꜩac, cah bit banol que vinaquirizay quech quehe cut qui ca mizaxic xebutic xpe nima eol chila chicah. xe cotcovach vbi, xcotin vloc vbac qui vach, xepe camaloꜩ xcupin vla quiholom, xpe coꜩbalam.
Pero no pensaban ni hablaban ante su Arquitecto y su Formador, quienes los habían hecho y les habían dado el ser. Y así fue su destrucción: fueron anegados, y vino una espesa resina [nima eol] desde el cielo. Vino el llamado Xecotcovach [el Que Arranca los Rostros] y les vació de un picotazo las pupilas de los ojos; vino Camalotz [el Murciélago de la Muerte] y les cortó la cabeza; vino Cotzbalam [el Jaguar Acechante]✦
nima eol... xe cotcovach... camaloꜩ... coꜩbalam... tucumbalam: lluvia de espesa resina o trementina ardiente (nima q'ol) acompañada por cuatro agentes apocalípticos animales que deshacen los cuerpos de madera.
xtio quitiohil, xpe tucumbalam xtucuuic xquichouic quibaquil, quibochil xcahixic, xmuchulixic qui baquil, cahizabal qui vach; ru mal maui quinauic chuvach qui chuch, chuvach puch qui cahau, ri vqux cah, huracan vbi, cumal xquecumaric v vach vleu, xticaric quecal hab quihil hab, acabal hab xoc vla chuti chicop nima chicop xcut qui vach rumal che abah.
y les devoró las carnes; vino Tucumbalam [el Jaguar Quebrantador] y les quebró y trituró los huesos y los nervios; fueron molidos y pulverizados sus huesos en castigo de sus rostros, porque no habían pensado delante de su Madre ni delante de su Padre, el Corazón del Cielo llamado Huracán. Por causa de ellos se oscureció la faz de la tierra y comenzó una lluvia negra, lluvia de día y lluvia de noche. Y entraron todos los animales pequeños y grandes, y sus rostros fueron afrentados por los palos y las piedras.
xqhauic ronohel qui quebal quixot, qui lac, qui boh, qui ꜩi quieaa, haruh pala ronohel xcutu qui vach cax xiban chique, xohitio ixchi cut xquixcati chic xqhari qui ꜩi cac chiquech.
Hablaron entonces todas sus tinajas, sus comales, sus platos, sus ollas, sus perros de nixtamal y sus piedras de moler [ꜫaa]; cuanto existía les afrentó el rostro: «¡Dolor nos causaron ustedes! ¡Nos mordían; ahora, en cambio, les toca a ustedes ser triturados!», les dijeron sus perros.
re cu ri ꜫaa xohcoconic iuumal hu ta quih, hu ta quih, xquec zaquiric amaquel holi, holi, huqui, huqui ca vach ivumal are ta nabe capatan chivach, ixtana vinac vacamic cut xchitih ca chucab xchicaqueeh, xchicahoc puch i tiohil xqhari qui ꜫaa chique.
Y a su vez las piedras de moler [metates] dijeron: «Éramos atormentadas por ustedes todos los días; cada día, a la noche y al amanecer, siempre ¡holi, holi, huqui, huqui! hacían nuestros rostros por culpa de ustedes. Este era primero nuestro tributo ante ustedes cuando aún eran gentes; pero hoy probarán ustedes nuestra fuerza: ¡moleremos y reduciremos a polvo sus carnes!», les dijeron sus piedras de moler.✦
holi, holi, huqui, huqui: onomatopeya del roce chirriante e incesante de la mano de piedra contra el metate (ka' / ꜫaa) al moler.
are curi qui ꜩi xqha chic ta xqhauic, na qui pa rumal maui chiya cava, xa cohmucunic xa pu cohicuxih vloc, coh izac pu vloc yacal vbi ca cheel ivumal ta quixvaic xere cohivuchaah vi maui cohqhauic mata cu mi xohcamic chiue hu pa cha maui mi xixnauic xixnau ta cut chiuih ta cut xohzach vi, vacamic cut xchitih cabac qo pa ca chi xquixcatio xeqha ri ꜩi chique ta xcut qui vach.
Y sus perros hablaron de nuevo y dijeron: «¿Por qué no nos daban ustedes nuestra comida? Apenas mirábamos, nos arrojaban de allí y nos echaban fuera, y siempre tenían listo un palo para golpearnos mientras ustedes comían. Así nos trataban porque no podíamos hablar. De no ser por eso, ¿acaso habríamos muerto por causa de ustedes? ¿Cómo no razonaron, cómo no pensaron ustedes en sí mismos? ¡Pues nosotros fuimos quienes nos perdimos, y hoy probarán ustedes los dientes que hay en nuestra boca: los devoraremos!», les dijeron los perros mientras les desgarraban el rostro.
are chicuri qui xot, qui boh xchau chic chique: cax, va xi ban chique xac ca chi, xacca vach; amaquel oh ꜩacal chuuicac cohicato maui cax xcanao, xchitih cut xquix caporoh xcha ri qui boh ronohel xcutu qui vach. areri abah ri quixcub chitaninic chipe paꜫaꜫ taeal chi quiholom, cax xban chique.
Y a su vez sus comales y sus ollas les hablaron así: «¡Dolor y sufrimiento nos hicieron pasar! Tiznada de hollín nuestra boca y tiznado nuestro rostro, siempre estábamos echados sobre el fuego y ustedes nos quemaban sin que nosotros sintiéramos lástima de ustedes; ¡pero ahora lo probarán, pues nosotros los quemaremos!», dijeron sus ollas, afrentándoles todas el rostro. Y las piedras del hogar [xub], que ardían puestas en el fuego, se dispararon directamente desde las llamas contra sus cabezas, haciéndoles gran daño.
anilabic que mal malihab chic querah acanic chuvi ha xa chiu vlih ha queꜩac vloc, querah acan chuvi che queqhaquix vloc ruma che querah oc pahul xa chiyuch hul chi qui vach; que he cut vcayohic vinac ꜩac vinac bit, eꜩixel, e ꜩalaꜩoxel chi vinac xmayxic, xcutuxic quichi qui vach conohel, xqha cut are retal ri qoy qo pa quechelah vacamic, are xqohe vi retal rumal xache quitiohil xcohic rumal ahꜩac ahbit, arecuri qoy queheri vinac chivachinic retal hule vinac ꜩac, vinac bit xapoy, xapu ahamche.
Empujados corrían desesperados de un lado a otro: querían subir sobre las casas, y las casas se derrumbaban haciéndolos caer; querían subir a las copas de los árboles, y los árboles los arrojaban lejos de sí; querían meterse en las cuevas, y las cuevas cerraban sus bocas ante sus rostros. Así fue la ruina de los seres humanos formados y modelados, gentes destinadas a ser destruidas y trastornadas; fueron aniquiladas y deshechas las bocas y los rostros de todos ellos. Y se dice que la señal que quedó de ellos son los monos [qoy] que habitan hoy en las selvas: estos quedaron por señal porque solo de madera fue hecha su carne por el Arquitecto y el Formador; y por eso el mono se parece al ser humano, señal de una generación de hombres formados y modelados que no eran sino muñecos y madera labrada.✦
are retal ri qoy qo pa quechelah vacamic: los monos (k'oy) que habitan hoy en los bosques son la huella viviente (r-etal) de aquella humanidad de madera labrada.
Fuente del texto original: Manuscrito de fray Francisco Ximénez (ca. 1701–1703), Newberry Library de Chicago, Ayer MS 1515, vol. 2, dominio público. Transcripción de la Ohio State University Libraries en la edición digital del proyecto Multepal, https://github.com/ontoligent/popolwuj, licencia MIT; cotejada con la edición de Brasseur de Bourbourg (París, 1861, dominio público).