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Pueblos antiguos · Fernando Ortiz: Los negros brujos (selección)

Capítulo 4 · Los sistemas de adivinación en Cuba

1

Los brujos lucumís y que, por lo tanto, acatan su culto propio bien definido, tienen un procedimiento de adivinación que les es peculiar. Como he dicho ya, Ifá es el orisha de las cosas ocultas. Para arrancarle sus revelaciones el agorero, que especialmente en este caso funciona á la vez como sacerdote de la divinidad (al que, según Bowen, se llama Okpele), emplea una especie de collar de cuatro hilos, hecho de canutos de bambú amarillos y verdes alternativamente, y con semillas de mango secas y partidas por la mitad entre los canutos. Á este collar se le llama erróneamente por algunos afro-cubanos Ifá de Osunda, pues no hay razón para acoplar el nombre de Ifá con el de la diosa de las fuentes y de los lagos. Otra forma de collar de Ifá es la que no presenta los canutos de bambú, sustituídos por una cadenita de cobre. El traductor de las comunicaciones de Ifá, después de la limpieza de ritual por el consultante, arroja en alto por tres veces el mencionado collar, y según la posición que adopten al caer las semillas de mango, deduce sus presagios. Idéntico collar emplean para la adivinación los brujos afro-bahianos, según Nina Rodrigues.

Los brujos lucumís, y que por lo tanto acatan su culto propio bien definido, tienen un procedimiento de adivinación que les es peculiar. Como he dicho ya, Ifá es el orisha de las cosas ocultas. Para arrancarle sus revelaciones el agorero, que especialmente en este caso funciona a la vez como sacerdote de la divinidad (al que, según Bowen, se llama Okpele), emplea una especie de collar de cuatro hilos, hecho de canutos de bambú amarillos y verdes alternativamente, y con semillas de mango secas y partidas por la mitad entre los canutos. A este collar se le llama erróneamente por algunos afrocubanos Ifá de Osunda, pues no hay razón para acoplar el nombre de Ifá con el de la diosa de las fuentes y de los lagos. Otra forma de collar de Ifá es la que no presenta los canutos de bambú, sustituidos por una cadenita de cobre. El traductor de las comunicaciones de Ifá, después de la limpieza de ritual por el consultante, arroja en alto por tres veces el mencionado collar, y según la posición que adopten al caer las semillas de mango, deduce sus presagios. Idéntico collar emplean para la adivinación los brujos afrobahianos, según Nina Rodrigues.✦

2

Aunque tampoco nada diga de ello Nina Rodrigues, es verosímil que todos los collares de Ifá deben componerse de diez y seis medias semillas. El único de estos collares que me ha sido dado ver en la Habana tenía diez y seis, tantas como las que se emplean en la adivinación por medio de Ifá, quizás porque de una semilla plantada por este orisha nacieron á un tiempo diez y seis palmeras, y porque el dios alcanzó su poder adivinatorio por medio de diez y seis frutos de las palmeras que tenía Orungán en sus plantaciones. Los musulmanes del oasis de Siwah emplean diez y seis habas para adivinar, según J. Hamilton. Además, en Lubbock se lee el siguiente párrafo de Burton: “Los negros de Egba (parte de Yoruba) consultan á Shangó (dios de los guerreros), arrojando al aire diez y seis cauris agujereados; si ocho caen con la punta hacia arriba y ocho con la punta hacia abajo, es signo de paz; si todos quedan con la punta hacia arriba es también buena señal, y viceversa, si todos caen con la punta hacia abajo, es un signo de guerra”. Lo mismo cuenta A. B. Ellis de Yoruba, en general.

Aunque tampoco nada diga de ello Nina Rodrigues, es verosímil que todos los collares de Ifá deben componerse de dieciséis medias semillas. El único de estos collares que me ha sido dado ver en La Habana tenía dieciséis, tantas como las que se emplean en la adivinación por medio de Ifá, quizás porque de una semilla plantada por este orisha nacieron a un tiempo dieciséis palmeras, y porque el dios alcanzó su poder adivinatorio por medio de dieciséis frutos de las palmeras que tenía Orungán en sus plantaciones. Los musulmanes del oasis de Siwah emplean dieciséis habas para adivinar, según J. Hamilton. Además, en Lubbock se lee el siguiente párrafo de Burton: «Los negros de Egba (parte de Yoruba) consultan a Shangó (dios de los guerreros), arrojando al aire dieciséis cauris agujereados; si ocho caen con la punta hacia arriba y ocho con la punta hacia abajo, es signo de paz; si todos quedan con la punta hacia arriba es también buena señal, y viceversa, si todos caen con la punta hacia abajo, es un signo de guerra». Lo mismo cuenta A. B. Ellis de Yoruba, en general.✦

3

La forma de pronosticación por medio de los caracoles, como llaman vulgarmente en Cuba á los cauris, es la más extendida entre los brujos afro-cubanos. Algunas veces hacen preceder el acto de echar los caracoles de algunas fórmulas religiosas; por ejemplo: hacer rezar en un idioma ininteligible al consultante, tendido boca abajo sobre una estera; otras veces le preguntan el lugar del nacimiento y el de su más próximo pariente, mezclando en sus rezos ambas palabras con la del país donde nació el mismo brujo; con frecuencia alumbran el acto con una vela que haya servido por tres veces para el culto del santo, etc.; pero en la actualidad, y particularmente los brujos criollos, que desean evitar molestias á sus clientes que van siendo ridículas, prescinden de casi todas estas fórmulas, limitándose algunos á balbucear oraciones, muchas de ellas católicas. El brujo se sienta en el suelo ó sobre una estera, y lanza hacia arriba los caracoles. Según la posición que mantengan después de caídos, infiere los augurios; así, para predecir el resultado de una enfermedad, dice que será mortal si los cauris caen muertos, es decir, con la abertura de la concha hacia arriba, y viceversa en caso contrario, ó sea si los caracoles caen vivos, en posición que les permitiría caminar si realmente estuviesen vivos.

La forma de pronosticación por medio de los caracoles, como llaman vulgarmente en Cuba a los cauris, es la más extendida entre los brujos afrocubanos. Algunas veces hacen preceder el acto de echar los caracoles de algunas fórmulas religiosas; por ejemplo: hacer rezar en un idioma ininteligible al consultante, tendido boca abajo sobre una estera; otras veces le preguntan el lugar del nacimiento y el de su más próximo pariente, mezclando en sus rezos ambas palabras con la del país donde nació el mismo brujo; con frecuencia alumbran el acto con una vela que haya servido por tres veces para el culto del santo, etc.; pero en la actualidad, y particularmente los brujos criollos, que desean evitar molestias a sus clientes que van siendo ridículas, prescinden de casi todas estas fórmulas, limitándose algunos a balbucear oraciones, muchas de ellas católicas. El brujo se sienta en el suelo o sobre una estera, y lanza hacia arriba los caracoles. Según la posición que mantengan después de caídos, infiere los augurios; así, para predecir el resultado de una enfermedad, dice que será mortal si los cauris caen muertos, es decir, con la abertura de la concha hacia arriba, y viceversa en caso contrario, o sea si los caracoles caen vivos, en posición que les permitiría caminar si realmente estuviesen vivos.

4

Aunque se llaman en Cuba caracoles, no puede aplicarse una denominación tan genérica á los empleados por los brujos. Estos no son ni pueden ser otros que los cauris de África (cyprea moneta), que, como es sabido, sirven allí de moneda, de cuya circunstancia se ha derivado su nombre científico. Desde este punto de vista, la adivinación por medio de los cauris, según caigan de un lado ó de otro es un equivalente exacto de la adivinación por monedas á cara ó cruz, tan usada en Europa, y análoga á la adivinación por las medias semillas de mango del collar de Ifá, según que al caer quede descubierta la parte cóncava ó la convexa de dichas semillas, partidas por la mitad precisamente para conseguir la posibilidad de ambas posiciones.

Aunque se llaman en Cuba caracoles, no puede aplicarse una denominación tan genérica a los empleados por los brujos. Estos no son ni pueden ser otros que los cauris de África (Cypraea moneta), que, como es sabido, sirven allí de moneda, de cuya circunstancia se ha derivado su nombre científico. Desde este punto de vista, la adivinación por medio de los cauris, según caigan de un lado o de otro, es un equivalente exacto de la adivinación por monedas a cara o cruz, tan usada en Europa, y análoga a la adivinación por las medias semillas de mango del collar de Ifá, según que al caer quede descubierta la parte cóncava o la convexa de dichas semillas, partidas por la mitad precisamente para conseguir la posibilidad de ambas posiciones.

5

Algunos brujos congo-cubanos se valen de un coco seco para deducir sus agüeros. Lo rompen contra el suelo, y los trozos resultantes indican lo futuro ó lo oculto. No tengo noticia de que en Cuba se usen los otros procedimientos adivinatorios de los agoreros de Yoruba expuestos por A. B. Ellis en su obra conocida. Hay brujos que practican aún otro sistema de adivinar las cosas ocultas. Dice así L. Carbó: “El tablero de ceremonias es de caoba, de diez á doce pulgadas de diámetro, y con un borde en que están esculpidas caprichosas figuras á modo de arabescos. Para adivinar por medio del tablero, el ulué empieza por cubrir con harina de trigo toda la circunferencia interior; luego traza dos diámetros valiéndose del dedo mayor de la mano derecha, y después, dejando caer dicho dedo y el anular sobre la harina, imprime huellas al azar”. De éstas deduce el brujo sus agüeros.

Algunos brujos congocubanos se valen de un coco seco para deducir sus agüeros. Lo rompen contra el suelo, y los trozos resultantes indican lo futuro o lo oculto. No tengo noticia de que en Cuba se usen los otros procedimientos adivinatorios de los agoreros de Yoruba expuestos por A. B. Ellis en su obra conocida. Hay brujos que practican aún otro sistema de adivinar las cosas ocultas. Dice así L. Carbó: «El tablero de ceremonias es de caoba, de diez a doce pulgadas de diámetro, y con un borde en que están esculpidas caprichosas figuras a modo de arabescos. Para adivinar por medio del tablero, el ulué empieza por cubrir con harina de trigo toda la circunferencia interior; luego traza dos diámetros valiéndose del dedo mayor de la mano derecha, y después, dejando caer dicho dedo y el anular sobre la harina, imprime huellas al azar». De estas deduce el brujo sus agüeros.✦

Fuente del texto original: Texto: Fernando Ortiz, Hampa afro-cubana: Los negros brujos (Madrid, 1906; archive.org/details/hampaafrocubanal00orti); dominio público en EE. UU. La columna izquierda reproduce la ortografía de 1906 y la derecha la moderniza. Ortiz escribe con el lenguaje y los prejuicios criminológicos de su época. Es una selección de pasajes, no la obra completa. Notas: Biblioteca Conciencia Activa, Edición 2.0 (2026).