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‹ Memorial de Sololá: los anales de los cakchiqueles
Pueblos antiguos · Memorial de Sololá: los anales de los cakchiqueles

Capítulo 3 · Parte III: El Descenso de Gagavitz al Interior del Volcán Gagxanul, el Flechamiento Ritual de Tolgom en Qakbatzulu y el Amanecer en Pantzic y Paraxone

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_Qui [c]hacbal [c]a ka mama, ok xcam._ 30. Xeapon chi[c]a chuvi huyu [c]hopi ytzel, xcha [t]a[t]avitz chire Cactecauh: ko[t]ax chuvi civan.--Utzan, xcha. Ha [c]a nabey x[t]ax ri [t]a[t]avitz, ok xrah [c]a x[t]ax chic ri Cactecauh; maqui [c]a x[t]ax, xtzak ka pa civan: equre[c]a xcam vi can hun ka mama rij, xhachatah qui vach, xahun chic xohboco, oh Xahila, ri [t]a[t]avitz.

La victoria de nuestros abuelos después que uno hubo muerto. 30. Habiendo llegado al monte Qhopiytzel, dijo Gagavitz a Zactecauh: «Crucemos este barranco». «Está bien», respondió él. Gagavitz cruzó primero y luego quiso cruzar Zactecauh; pero no logró pasar, sino que cayó al fondo del barranco. Así murió uno de nuestros abuelos y se dividieron sus bienes; mas el otro, esto es, Gagavitz, nos engendró a nosotros, los Xahila.

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31a. Xeapon chi[c]a chuvi huyu, Cakihuyu, Teyocuman, ru camul cakan; chiri [c]a x[c]i [c,]et vi el ru [t]a[t]al huyu, [t]a[t] xanul ru bi, kitzih ti xibin ru [t]a[t]al tipe chupam huyu; to[t]ol ru[t]a[t]al chinaht. Xmani vi tucheex roquebexic, xa[c]a huna huyu [t]a[t]xanul [c]oh ru [t]a[t]al; xmani vi tipe vi [t]a[t], xaporinak chi[c]a ronohel ahlabal vuk ama[t] xe huyu, mani tanti cucheex, kitzih tan [c]ok qui [c]ux, mani tan tucheex ru [c]amic ru [t]a[t]al, xa xeho chic ho oyobem, quecha ri ka mama ri [t]a[t]avitz, xeapon [c]a xe huyu, xecha [c]a conohel ahlabal:

31a. Llegaron después por segunda vez a los montes blancos llamados Teyocuman. Allí vieron el fuego del volcán llamado Gagxanul (el volcán de Fuego). En verdad era espantoso ver el fuego que salía de la montaña y las llamas que se arrojaban a lo lejos. Nadie sabía decir cómo se podría pasar, pues el volcán Gagxanul llevaba ardiendo todo un año sin que el fuego se apagara. Cuando todos los guerreros de las siete tribus llegaron al pie del volcán, nadie hablaba;✦

3

[31b] At kacha[t], mixatul xa at chic at koyoben, chinak tu cheex ru [c]amic ka[t]a[t], mix katih tatiha ka [t]ihil at kacha[t], xecha conohel, xoh cha[c]a chique: Nak tahoon tin canah nutihana, hari achih ru [c]ux, maqui tu xibih rij, yn quinabeyah, xcha [t]a[t]avitz chiquichin, mani xahoon xa canih xquixibih qui. Kitzih ti xibin ru [t]a[t]al huyu;

[31b] en verdad tenían el corazón afligido y ninguno sabía cómo podría ser cautivado aquel fuego; solo aguardaban con esperanza. Cuando nuestro abuelo Gagavitz llegó a la montaña, todos los guerreros le hablaron diciendo: «Oh hermano nuestro, ya has llegado tú, en quien está nuestra esperanza. ¿Quién descenderá a cautivar este fuego? ¿Quién bajará por nosotros, que buscamos nuestra ventura, oh hermano nuestro?». Así hablaron todos, y él respondió:

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[31c] ok xraho [c]a ri hun Caki[c,]unun rubi. Yn quibe avu[c]in, xcha ri Caki[c,]unun, xcha chire [t]a[t]avitz.--Tok xvikon [c]a xquicauh, xqui cha [c]a qui quicabichal: Maquina chi [c]ha, chi pocob. Xa xet tule xa [c,]imah vi, xa bolol, raxah ru bi, hari ca[t]ul tel chi ya; xquivikbeh quij, xoc pa qui vi, xoc chi qui kul, chi qui [c]huc, chi qui [t]a, chi cakan camicabal richin [t]a[t], quecha.

[31c] «¿Quién de ustedes quiere que yo pruebe mi fortuna? Corazón de héroe tiene quien no teme; yo iré primero». Y añadió Gagavitz: «No teman tan pronto». En verdad el fuego de la montaña era aterrador. Había entonces uno llamado Zakitzunun («Colibrí Blanco») que quiso acompañarlo y dijo a Gagavitz: «Yo iré contigo». Entonces se armaron y se pusieron sus atavíos; pero los dos dijeron a una: «De nada sirven aquí los arcos ni las rodelas». Los dejaron a un lado, tomaron estacas aguzadas, abrieron una zanja para el agua y dispusieron hojas verdes de Raxah.

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[31d] Ha [c]a xka chupam [t]a[t] ri [t]a[t]avitz, ha [c]a Caki[c,]unun, xyaan can ru vi [t]a[t], xa rax yxim xpu[t] ka pa ya xyabex ruvi [t]a[t]: kitzih [c]a tixibin ok xkah chupam huyu, ok xpax ru [t]a[t]al huyu, xto[t]e rucibel chinaht, xoc [t]ekum a[t]a. Xepax conohel ri e [c]oh xe huyu, xqui xibih qui. Xbe yaloh pa huyu ri [t]a[t]avitz, xqui tzakah ru [t]ih, xcam chi qui [c]ux.

[31d] Cuando todo estuvo preparado, entraron primero de cabeza, luego con el cuello, los brazos, las manos y los pies para apagar el fuego, según cuentan. Entonces Gagavitz descendió al interior del fuego mientras Zakitzunun conducía el agua hacia las llamas, y las hierbas verdes y el maíz mezclados con el agua corrieron sobre el fuego. En verdad fue pavoroso cuando descendió dentro del volcán, cuando esparció el fuego de la montaña, cuando el humo estalló a lo lejos y la oscuridad y la noche cubrieron el lugar.

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[31e] [c]oh x[c]amo [t]a[t], [c]oh mani x[c]amo chiquichin; halatak oc ru bix [t]a[t] xkaul xe huyu; [c]oh xilon, [c]oh maqui xilon chique, ok xel [c]a pe chupam huyu. Kitzih ti xibin chic ru vach, ok xel pe pa huyu [t]a[t]xanul, xecha [c]a ronohel ahlabal vuk ama[t]: Kitzih tixibin ru puz ru naval, ru [t]a[t]al ru tepeval, xcam xkana, quecha.

[31e] Todos los que estaban al pie del volcán huyeron llenos de pavor. Gagavitz permaneció dentro de la montaña; el día tocaba a su fin y el aliento murió en el corazón de las tribus. El fuego había sido cautivado, pero no para ellos: unas cuantas chispas bajaron de la montaña y alcanzaron a algunos. Entonces salió Gagavitz del interior del volcán; en verdad su rostro infundía pavor cuando salió de las entrañas del monte Gagxanul. Y todos los guerreros de las siete tribus exclamaron: «¡En verdad son terribles su poder mágico, su sabiduría, su gloria y su majestad! Había muerto, y he aquí que ha vuelto a bajar».

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32a. [c]ate[c]aok x[c]hocobax chuvi [c]hacat, ok xkaul, kitzih xquininah, xe cha [c]a conohel: At kacha[t], mix akacah ru [t]a[t]al huyu, mi xaya ka [t]a[t]; yx cay chi al, hun nabey al, hun xambey al chivichin, yx ka vi, yxka holom, xecha conohel ahlabal vuk ama[t], chirichin ri [t]a[t]avitz.

32a. Por tanto, en cuanto llegó lo sentaron sobre el trono, lo honraron grandemente y todos dijeron: «Oh hermano nuestro, has vencido el fuego del volcán y has domado las llamas para nosotros. Ustedes son dos héroes: uno es el primero y el otro le sigue; ustedes son nuestras cabezas y nuestros caudillos». Así dijeron todos los guerreros de las siete tribus a Gagavitz. Entonces él les respondió:

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[32b] Ok xcha [c]a chiquichin: Xpeul ru [c]ux huyu nu teleche nu cana, yx nucha[t], nunimal. Ok xquir [c]a ri ru [c]ux huyu, xa[c]olo[c]ic [t]a[t] chi abah, hari abah cakcho[t] rubi, maqui raxa abah, oxlahuh [c]a [c]oh [c]o ru [c]in ri abah, ha[c]a rix[c,]ul ru [c]ux huyu [t]a[t]xanul; xa [c]a cha ri couh ru xahic rix[c,]ul, [c]i ya [c]hob, tuban maqui ahilam re[c,]anibal.

[32b] «El corazón del volcán ha venido como esclavo y cautivo mío, oh hermanos menores y hermanos mayores míos». Cuando fue abierto el corazón de la montaña, el fuego se separó de la piedra, la piedra llamada Gak Chog, que no es piedra verde, y había otras trece piedras con ella; de ahí procede la danza llamada «El corazón del volcán Gagxanul» (Rukux huyu Gagxanul), la cual se baila con gran ímpetu y muchedumbre de danzantes, sin que nadie pueda contar a cuantos se unen al estrépito.

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33. Xepe chi[c]a chiri xei[c]o chipe Cecic Ynup rubi, xaceel chuvi choy; ri ynup maqui na tiquil, mani ruxe ri ynup, xatibilan chuvi ya. Quere[c]a ru binaam vi Cecic Ynup ri xey [c]o chipe chuvi huyu, [c]alalapacay ru bi; xax [c]al he ru xak pacay xqui[c]hacatih. Quere[c]a xubinaah vi [c]alalapacay ri, quecha ka mama.

33. Partieron de allí y pasaron por el lugar llamado Cecic Ynup, remando sobre la laguna. No había allí ceiba alguna arraigada en la tierra, sino que pasaron en canoas sobre el agua bajo la sombra de una ceiba; por eso llamaron a aquel lugar Cecic Ynup («La Ceiba Rodeada de Agua»). Y pasaron luego al lugar llamado Qalalapacay, donde entretejieron hojas de pacaya y anona para el asiento real; por eso llamaron a aquel paraje Qalalapacay («Guirnaldas de Pacaya»), según dicen nuestros abuelos.

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_[c]ambal richin Ykoma[t] vae._ 34. Ok xet chi[c]a chinaht ri Cakixahay [c]ubulahay ru bi, rikam Ykoma[t]i, cani x[c]amar rokotaxic cuma, runah [c]a xilitah Chi[t]alibal rubi huyu; xuya vi ri hoye vi quivach, ok xilitah, xaxu [t]aba chic rij. Quere[c]a xubinaah vi huyu, Chi[t]alibal ri.

La conquista de los Ikomagi. 34. Entonces divisaron a lo lejos a los llamados Cakixahay y Qubulahay, vasallos de los Ikomagi. Fueron capturados tras ser sorprendidos y desbaratados no lejos del lugar llamado Chigalibal. Cuando llegaron fueron perdonados y nuestros guerreros extendieron sus manos sobre ellos, por lo cual aquel lugar se llamó Chigalibal. Al rendirse dijeron:

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[34b] Xcha [c]a ok xu ya ri: Xa yn acha[t] animal, xa mixi[c]hacatah, xaquin ikan a tem, a [c]hacat, yn huvi chi vinak [c]o vikan. Xcha ri Ykoma[t]i, he [c]a rikan ri Cakixahay, [c]ubulahay; quere[c]a ru[c]amic Ykoma[t] ri, xere [c]a xcolotah. Chic ri xeboco chic Co[c,]il vinak, qui tata qui mama ri Ahpoco[c,]il Qulavi cochoh, [c]ula vi [c]anti quibi; xaqui vinakil xeel chic mani chic quikan.

[34b] «Yo soy tu hermano menor y tu hermano mayor; ustedes son los vencedores y nosotros somos vasallos de su trono y de su poder; así lo prometo ante estos vasallos míos». Así hablaron los Ikomagi y sus vasallos los Cakixahay y los Qubulahay; de este modo se sometió Ikomag y salvó la vida. Con ellos engendraron los Zotziles a aquellos padres y ancianos, los Ahpozotziles llamados Qulavi Zochoh y Qulavi Qanti, aunque de ellos procedieron solo sus linajes y no sus vasallos.

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35a. Ok xeapon chi[c]a chuvi huyu [c]akba[c,]ulu, ok xilitah chi[c]a ri Tol[c]om rubi. Kitzih tixibin [c]o vi, tinicnot huyu [c]o vi ri [c]akba[c,]ulu. Nabey [c]a xe [c]iz apon ronohel ahlabal, tanti qui xibih quij, maqui tan quetiquer chu camicaxic. Tok xeapon, xecha [c]a ri ahlabal conohel: Mian xatul at kacha[t], bila tux ree, kitzih ti xibin [c]o vi, quecha. Xecha [c]a vi he ka mama [t]a[t]avitz;

35a. Después de esto llegaron al monte Qakbatzulu, donde hallaron al llamado Tolgom. En verdad reinaba allí el espanto y el monte Qakbatzulu temblaba. Al principio empezaron a llegar todos los guerreros, pero el miedo se apoderó de ellos temiendo encontrar allí la muerte. Cuando llegó nuestro abuelo Gagavitz, todos los guerreros le dijeron: «Ya llegas, hermano nuestro. ¿Qué es esto? En verdad es pavoroso». Y nuestro abuelo Gagavitz les respondió: «¿Quiénes son ustedes, oh guerreros?

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[35b] chinak na pe tux, yx ahlabal? xti[c]a [c,]et an ru vach. Maquian ka labal, maqui [c]ha, pocob, tikoquecah, yx [c]oh yx ka nimal, xecha, xetak conohel chu chapic Tol[c]om. Ok xe cha [c]a: Nak na[c]a tucheex, at kacha[t], mixkatih kitzih tixibin [c]o vi, at cabe chiil, xecha conohel. Tok xpe [c]a ru[c,]eta ri Tol[c]om, xapon kitzih ti xibin [c]o vi tinicnot huyu [c]o vi. Xcha [c]a chire Tol[c]om: Chinak catux?

[35b] Miremos su rostro. ¿Acaso no sabemos pelear? ¿No tenemos arcos y rodelas para abrirnos paso, oh hermanos míos?». Así habló y mandó a todos los guerreros que apresaran a Tolgom; pero ellos dijeron: «¿Qué palabras son estas, hermano? ¿No ves qué gran espanto hay allí? Ve tú y míralo». Entonces Gagavitz avanzó a ver a Tolgom, y llegó verdaderamente al lugar del espanto donde el cerro temblaba. Al instante gritó a Tolgom: «¿Quién eres tú? Tú no eres mi hermano menor ni mi hermano mayor.

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[35c] maat nucha[t] nu nimal. Chinak catux? vacami xcat nucamicah. Cani [c]a xa xibih rij, xcha [c]a: Yn ral [c]habak nicnic, xa vi vochoch vae yn [c]o vi, at ahauh, xcha. Catoho, bat tiquic, xucheex [c]a ri Tol[c]om. Ok xu ya rii, xchapatah, xpe [c]a ru chapon chic xul cu[c]in, xeucheex [c]a ri ahlabal vuk ama[t], ok xuya ri Tol[c]om: xtika[t]aharticah can vae huyu, yx quixcao ru vach nu telechee nu cana; xtikaquiyah, xtika [c]atohih ru vi nu telechee, xtike[c,]abeh xtika[c]ak, xtika[t]aharticah can rubi vae huyu [c]akba[c,]ulu tucheex ruma vinak [c,]ak, yx ahaua, xeucheex [c]a conohel ahlabal.

[35c] ¿Quién eres? Hoy mismo te daré muerte». En el acto Tolgom quedó lleno de pavor y respondió: «Yo soy el hijo del Lodo que Tiembla (Ral Chinta, ral Pucbal); esta es mi casa donde habito, oh señor mío». «Sal de aquí y ve a morar a otra parte», se le contestó a Tolgom. Entonces se rindió, fue hecho prisionero y lo trajeron cautivo. Cuando Tolgom se entregó, Gagavitz dijo a los guerreros y a las siete tribus: «Hemos hecho glorioso este lugar. Mostremos el rostro de mi prisionero y cautivo; ataviaremos y flecharemos a mi cautivo, bailaremos frente a él y así celebraremos el nombre de este cerro Qakbatzulu con cantos de burla, oh caudillos». Tales fueron las palabras dirigidas a todos los guerreros.

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36a. Quere[c]a xquibijh vae: At kacha[t], hun nabey al, hun [c]a [c]hipil al chikichin, xtiketah [t]ih cak chi popol vach oh oxlahuh chi ahlabal, xti ka ya a muh a [t]alibal, a tem, a [c]hacat, avahavarem. He ree cay chi al Co[c,]il Tukuche que ucheex, xcat kachi quicohol Ahpoco[c,]il Ahpoxahil, qui xucheex xa chiri taban vi, at naek huvi chi ahlabal, la naek acha[t] animale, Bacah Pok, Bacah Xahil;

36a. Por ello todos le hablaron así: «Hermano nuestro, un hijo es el primero y otro es el segundo entre nosotros; en adelante haremos constar esto ante el consejo nosotros, los trece guerreros. Te daremos tu dosel, tu asiento real, tu estera y tu trono con poder. Estos serán llamados los dos hijos de los Zotziles y Tukuchee, pero tú serás el primer varón entre los Ahpozotziles y los Ahpoxahiles; a ti te llamarán primero para obrar, y serás el primero entre los guerreros, tus hermanos menores y mayores, los Bacah Pok y los Bacah Xahil;

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[36b] qui xucheex naek xa hunam [t]a[t]al tepeval, at kacha[t], xucheex [c]a; tok xelahibex ru vach, ok ru yaic ri Ahpoco[c,]il Ahpoxahil, maqui naek oh Co[c,]il Tukuche la naek, kacha[t] ka nimal lae Bacah Pok, oh [c]a Bacah Xahil, yxka[c]ahol. Quecha ri e oher katata kamama: Oh huvi chi ahlabal xa ruma ri nim qui puz qui naval, he navipe hei kayom, ri [c]ha pocob. Quere[c]a xelahibex vi quivach, a nabey ka mama ri, ruma ri [c]iy xukacah ru [t]ih ralaxic.

[36b] te nombrarán igual a cualquiera en poder y majestad, oh hermano mío». Así dijeron, y su cabeza fue alzada por encima de los demás, recibiendo el señorío de los Ahpozotziles y los Ahpoxahiles, aunque no de los Zotziles Tukuchee ni de nuestros hermanos los Bacah Pok y Bacah Xahil, oh hijos míos. Nuestros padres y abuelos decían antiguamente: «Fuimos escogidos por los guerreros por su gran pericia y sabiduría; sus arcos y sus rodelas nos engendraron». Así fue como nuestros abuelos fueron exaltados por primera vez, superando la grandeza y el linaje de muchos.

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37a. Ok xtiquer [c]a ru camicaxic ri Tol[c]om, xvikitah na, xoc na ru cauh, [c]ate [c]aok xrip ru[t]a chuvach chee lama x[c]ak vi. Ok xtiquer [c]a xahoh ruma ronohel ahlabal, xavi Tol[c]om rubi bix. Xquixah ok xtiquer [c]a ru[c]akic; maqui [c]a hari [c]haa tel pa [c]am, xahari nahtik cimah chee x[c]akbex chuvi huyu [c]akba[c,]ulu x[c]akvi xbe na qui [c]haa conohel.

37a. Entonces comenzó la ejecución de Tolgom: lo ataviaron y lo hicieron entrar con los brazos extendidos y atados frente a un árbol para ser flechado. Todos los guerreros iniciaron la danza mientras Tolgom entonaba su canto; y sin dejar de bailar comenzaron a dispararle sus flechas. Pero ni una sola de las flechas llegaba hasta las cuerdas, porque estaba lejos el árbol donde le tiraban en el cerro Qakbatzulu, y todas las flechas caían antes.✦

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[37b] [c]ate ok xbe ru [c]ha ri kamama [t]a[t]avitz, cani xi[c]o chupam huyu hari Chee [c,]ulu rubi, xu[c]akbeh Tol[c]om: [c]aha xcamican he [c]ari conohel ahlabal, halatak oc qui [c]ha, xoc chinaht xqui [c]ak vi. Quere ri vinak ok xcam [c]iy ru qui[c]el xel chirih che lama: ok xpeh [c]a x[c]iz cipax chuvach ronohel vuk ama[t] ahlabal, xquiyax, x[c]atohix rucamic haok x[t]ahar ri uchum, ti[c]o huhun huna, xati ban vaim u[c]aam, xa que [c]habin a[c]uala xa tunay chic ru [c]exevach tiqui [c]ak, bila [c]a tux ri Tol[c]om, quecha ka mama oher, yxka[c]ahol.

[37b] Finalmente fue disparada la flecha de nuestro abuelo Gagavitz, la cual voló velozmente por encima del lugar llamado Cheetzulu y atravesó a Tolgom; entonces todos los guerreros lo asaetearon de cerca y de lejos. Muerto así aquel hombre, un gran torrente de sangre brotó detrás del árbol, y su cuerpo fue despedazado y repartido entre todas las siete tribus. Aquella ofrenda y el sacrificio de su muerte dieron origen a la fiesta del mes Uchum:

19

[37c] Quere[c]a xka[c]am viki ri ru[c]in Co[c,]il Tukuche ruma [c]a ru puz ru naval, ru [t]a[t]al, ru tepeval; xelahibex vi ru vach ka tata ka mama oh Cakchiquel vinak, mani [c]hacat ahinak vi ru [t]ih ralaxic e oher ka mama.

[37c] en esa fiesta todos se reunían a comer y beber, y flechaban ritualmente a niños pequeños adornados en la cabeza con flores de saúco (tzolo) en sustitución de Tolgom, como si fueran el mismo Tolgom, según cuentan nuestros padres de antaño, oh hijos míos. De esta manera alcanzamos el poder junto con los Zotziles y Tukuchee, por sabiduría y ciencia oculta (puz naval), por grandeza y majestad; así alzaron su cabeza nuestros padres y abuelos, nosotros los Cakchiqueles, por encima de los demás.

20

38a. Ok xepe chi[c]a chiri chu vi huyu [c]akba[c,]ulu, xutzak ka [c]hakap Tol[c]om chupam choy: ok x[t]ahar can ri tzam tzakbal Tol[c]om. Ok xe cha [c]a koy[c]o chupam ree choy, xa[c]a ahilam xi[c]o xquixibih qui conohel ok xquituc rupam ree choy. Chiri xetzako vi quij pan pati payan chocol ru bi, quetabal quinaual; chila xe el vi beleh tulul, ha ri pa Chitulul. Ok xtiquer [c]a ri [c]ovic pa choy ronohel ahlabal, xavi xambey chic xbe ri [t]a[t]avitz, hun [c]a rana Chetehauh ru bi.

38a. Partiendo del cerro Qakbatzulu, arrojaron una mitad del cuerpo de Tolgom a la laguna (de Atitlán), y así comenzó el rito del «arrojamiento de la punta de Tolgom». Dicen que entonces retumbó el interior del agua y todos sintieron pavor al ver agitarse las aguas del lago. Pasaron luego al lugar llamado Payanchocol («Los Baños Comunes»), donde practicaron muchas artes mágicas, y hallaron nueve zapotes en el paraje llamado Chitulul. En aquel tiempo comenzaron a cruzar la laguna los guerreros, y tras ellos pasó Gagavitz con su hermana llamada Chetehauh, deteniéndose y asentándose en la punta llamada Qabouil Abah («Piedra del Dios»).

21

[38b] X[c]ohe can chiri xetzako vi qui ha ri tzam [c]abouil Abah ru bi. Vacami tok xbe [c]ari [t]a[t]avitz, kitzih tixibin ok xebe pa ya Cu[c,]u cumatz xuhalibeh: cani[c]a x[t]ekumar ru vi ya, canix pa e ca[t]ik, cakcut cum chuvi ya, x[c]iz [c]a ru tuc ru pam choy. [c]oh xraho, xukacah tah ru [t]ih [c,]utuhile xraho: xu [c,]et [c]a ronohel vuk ama[t] tok xel [c]a apon chi ya, e[c]o vi xcha [c]a chire xeboco Ah[c,]iquinahayi:

[38b] Poco después de llegar Gagavitz ocurrió algo verdaderamente pavoroso cuando él penetró en el agua transformado en Zutzucumatz («Serpiente de Nubes»): de repente se oscureció la faz del agua, se levantó un torbellino de viento y un remolino blanco recorrió toda la superficie del lago. Querían quedarse a morar allí, pero antes era preciso doblegar el poder de los Tzutuhiles. Las siete tribus miraron alrededor y bajaron a la orilla del agua, diciendo a los descendientes de los Ahtziquinahay:

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[38c] Mian xkatuc rupam ka choy ka palouh, at ka nimal, hu[c]am a choy, hu[c]aam [c]a a [t]uz[t]um, avokok, a tap, a car, tux, xucheex; xu[c]uluba [c]a: Utzan, at nucha[t], [c]hakap a choy, [c]hakap [c]a a [t]uz[t]um, a vokok, a tap, a car, [c]hakap [c]a a [c]hupup, a raxah tux, xa xere mixa[t]aba vinak [c]oh ti camican chupam chachux, xcha Ah[c,]iquinahay chire. Xepe chic, xepaxin chic qui, xavi tzolih chipe, xrah y[c]o ru [c]ama rana;

[38c] «Acabamos de recorrer el contorno de esta laguna nuestra, de este mar nuestro, oh hermano mío; que la mitad del lago sea de ustedes y la mitad nuestra, con la mitad de sus frutos, de sus patos silvestres, de sus cangrejos y de sus peces». Ellos consultaron entre sí y respondieron: «Está bien, hermano mío: que la mitad de la laguna sea nuestra y la otra mitad tuya, con la mitad de tus frutos, de tus patos, de tus cangrejos, de tus peces, de tu espadaña (tzutuh) y de tus cañas verdes, y de cuanto ser viviente habita sobre el agua o debajo de ella».

23

[38d] mani chi[c]a x[c]amom ruma ni[c]ah coon, mani chic rana xelpe, mani chic tuna. Xcha: ba xcha vi vana, nak mix [c]amo? Kitzih ti be nu canoh ti vil na xchax be labal chic ru[c]ux. Xe vikon, kitzih tixibin ok xebe canoy rana: cani[c]a xuxibih ri ama[t] [c,]utuhile, xcha [c]a xapon: Nak mix[c]amo pe vana xachi [c]ulu labal chic nu [c]ux? Xcha chire ama[t] [c,]utuhile cooni [c,]ununaa.

[38d] Así respondieron los Ahtziquinahay. Luego se separaron, pero pronto regresaron deseosos de tomar esposas, pues ninguno de ellos estaba casado por falta de mujeres, ya que ni sus madres ni sus hermanas habían venido con ellos. Decían: «¿Dónde habla mi doncella? ¿A quién tomaré por mujer? Vayamos a buscar guerra para nuestros corazones». Se revistieron de sus armas y se presentaron terribles en busca de mujeres. Los Tzutuhiles se atemorizaron cuando los Cakchiqueles dijeron a las mujeres de Tzununa:

24

[38e] Cani[c]a ha x[c]hao ri Ah[c,]iquinahay chirichin: At ahauh, at nucha[t], nu nimal, xa vave tuban vi a vana, mixkahach ka choy, hu[c]aam a choy, hu[c]aam [c]a nu choy tux, xcha, he pokon xe runa ri ahlabal, xa cha xelah ri Ah[c,]iquinahay. Xcha chi [c]a ri ka mama [t]a[t]avitz: Nak ruma tiqui [c]am pe vana utz [c]a xti[c]ohe can ru[c]in ni[c]ah coon; xax ti va[c]axah atzih, at nucha[t], qui ru [c]hac pe ri ni[c]ah coon, [c]oh ta xtinuban chire.

[38e] «¿A quién tomaré por esposa? ¿Quién declara la guerra a mi corazón?». Entonces el Ahtziquinahay les dijo: «Señor mío, hermano menor y hermano mayor mío, aquí está en verdad tu doncella; ustedes han dividido el agua con nosotros: la mitad del lago es tuya y la mitad es nuestra». Sus guerreros se afligieron al oír estas palabras, y entonces nuestro abuelo Gagavitz dijo: «¿Quién de ustedes viene a tomar mujer? Quédense ustedes con las mujeres; yo he oído tus palabras, hermano mío:

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[38f] Xcha chi xa e Ah[c,]iquinahayi. Quere[c]a ruhachic choy ri quecha ka mama, quere navipe kacha[t] kanimal vi ki ri ru[c]in [c,]utuhile; [c]oh chi[c]a maqui xtikoquecah. Xey[c]o vi, xemeho vi e nabey ka tata ka mama ri [t]a[t]avitz, Cactecauh [c]a chi [t]ekum [c]a chi a[t]a ok: ok xquiban ree, mehaok ticaker, quecha, xa[c]a halachic maticaker chiri. Xeapon chi[c]a chuvi huyu Pul[c]hi[c]h, chiri [c]a xetak viel.

[38f] la victoria de ellos está en sus mujeres; quien se quede lo verá». Así habló a los Ahtziquinahay. De esta manera, dicen nuestros ancianos, fue dividido el lago, y así se quedó nuestro hermano el Bacah Pok con los Tzutuhiles, sin que ningún otro de los nuestros se quedara. Nuestros primeros padres y abuelos Gagavitz y Zactecauh siguieron adelante y volvieron a internarse en la oscuridad y en la noche; aún no había despuntado su aurora, pero poco después comenzó a clarear cuando subieron al monte Pulchich y partieron de allí.

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_Qui cakeribal vae._ 39. Nabey, [c]a xepe [t]ekaquch, Ba[c]akol, Cibakihay, Cavek xetak pe. Quixnabeyah, yxnuhay nu chinamit, tibana apon, ka[c,]ak kibah, xa hala chic ma ticaker, vhix, xeucheex, xepe [c]a xeul chiri pa cakeribal, Pantzic, Paraxone, Cinahihay, Pacibakul, Pacavek Quehil rubi huyu; xecaker vi, xtiquer [c]a rubanic [c,]ak cuma, [c]ulbal richin cahpop Nimahay rubi.

Este fue su amanecer. 39. Los primeros que partieron fueron Gekaquch, Baqahol, Cibakihay y Cavek, quienes fueron enviados delante. Ustedes fueron los primeros, oh casa mía, oh parcialidad mía, en preparar nuestro amanecer un poco antes de que despuntara el alba. «Vayan delante», se les dijo. Llegaron entonces a los montes donde había de amanecerles, llamados Pantzic, Paraxone, Cimahihay, Pacibakul, Pacavek y Quehil. Allí les apareció la aurora, allí edificaron casas y allí se desposó su jefe llamado Nimahay.✦

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[39b] Nabey qui[c,]ak he [c]a nabey xeul ri [t]ekaqueh, Cibakihay, Cavek, xambey chic xul ri Ba[c]ahol, xtiquerinak [c,]ak xul: xcha [c]a ok xul ri Ba[c]ahol chire [t]ekaquch: Yn yn ahpop, quin a [c]ulu, xcha chi re [t]ekaquch. Ok xul xrah ru hi[t]uh, ah popol, xucheex [c]a cuma: Maqui atat kah pop, ma hatul kah pop, xecha chire. Tok xrelahih [c]a abah [c]uval, xcha:

[39b] Los primeros en construir casas fueron los que llegaron primero: Gekaquch, Cibakihay y Cavek. El último en llegar fue Baqahol, cuando aquellos ya habían comenzado a edificar. Después de llegar, Baqahol dijo a Gekaquch: «Yo soy el rey, yo los he recibido a ustedes». Así dijo a Gekaquch porque codiciaba ardientemente el mando. Los demás le respondieron: «¡Tú no! Tú no eres nuestro rey ni queremos que seas nuestro señor». Entonces él les mostró una piedra preciosa de jade y dijo:

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[39c] Tin ya chivichin ree [c]uval cah [t]a rakan, tuvic rakan, yn yvahpop, xcha. Maqui xahox chire. Tok xtiquer [c]a chubanic ru [c,]ak, xutzin yantah ru[c,]ak xraho ahpopol tantu hi[t]uh chire. Ok xtak [c]ape chuluc balam yohol ru[c,]ak ruma [t]a[t]avitz, ytzel chic ru[c]ux [t]a[t]avitz Ba[c]ahol tan tiraho ahpopol. Quere[c]a xul yoh vi ru [c,]ak ri ruma chicop chuluc balam, tok xpe [c]a [t]a[t]avitz chuvi huyu Puhuhil, Paraxone xahun chi raxon ru halebal; tok xpeul, ok xul Pantzic Paraxone, cakerinak chic.

[39c] «Les daré este jade labrado con cuatro pies, manos y dedos si soy su señor». Pero aquello no les agradó. Entonces Baqahol se puso a construir un baluarte y en poco tiempo lo terminó, pues ansiaba el poder. Por esta razón sus construcciones fueron derribadas por los animales Chuluc Balam enviados por Gagavitz, pues a Gagavitz no le plugo que Baqahol usurpara el mando. Así fueron destruidas sus obras por los Chuluc Balam cuando Gagavitz llegó a los montes llamados Puhuhil y Paraxone, revestidos de verde follaje; y cuando llegó a Pantzic y Paraxone tuvo lugar el amanecer.

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40a. Elenak chi pe [t]ih, quecha e oher tata mama, xul [c]a chiri pa cakeribal, he [c]a banoninak chic rutee runam ri [t]ekaquch, Cibakihay, Cavek, Ahquehay; maqui utz tuna chiri Ba[c]ahol, xu[c]hih chi oc ri chi tee, chi nam ok xqui[c]ul cahpop;

40a. Ya había salido el sol, decían nuestros antiguos padres y abuelos, y ya había brillado la aurora cuando se constituyeron los linajes de Gekaquch, Cibakihay, Cavek y Ahquehay. Baqahol no había sido bien recibido porque quiso forzar a las parcialidades a aceptarlo por señor. Cuando los apremió, ellos le dijeron:

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[40b] x[t]il [c]a el xucheex: maqui quina [c]ul, at Ba[c]ahol, hari mixacha, yn ahpop cacha, mixavelahih a[c]uval chiqui vach he tee e nam, ahpop Ba[c]ahol ma xa tucheex tava, maqui at nutee at nunam, xucheex, [c]a xax cha chic xu[c]uluba: Mani chic xubijh, Yn atee yn anam. At vah pop, xa xcha chic, xa xu [c]hih chic rij.

[40b] «No saldremos a recibirte, Baqahol. ¿Acaso no viniste diciendo: 'Yo soy el señor'? ¿Y no viniste a mostrar tu jade ante los ojos de los linajes? ¿No te has llamado a ti mismo Ahpop Baqahol y cabeza de nuestra casa?». Así hablaron; pero quienes estaban con él respondieron: «Nadie ha dicho 'Yo soy el señor de su casa'». «Sé tú entonces nuestro gobernante», exclamaron, y así obtuvo su cargo.

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41a. Cani [c]ax quetah cahpop chi ahauarem, xcukubax chuvi ru tem ru [c]hacat, cani xatinicax chupam atinibal cel, cucu; cani xya pa [c]ul pan paz, pa cucul, pa ta[c]h vi, xoc [c]a ru titil, ru [t]aha abah, ru xak, ru caka uleuh, x[c]iz oc rahauarem vach, cuma ruhay ru chinamit, quecha y mama yxnu[c]ahol. Quere[c]a tee nam vi chinamit ri huma ohoh ahpop; Xavi [c]a quere tantuban ronohel ahlabal chupam he ru cakeribal, xavi tantetax rahauarem ruma ru hay ru chinamit.

41a. Enseguida le entregaron como jefe suyo las insignias de la realeza: lo sentaron en el asiento y trono real, lo bañaron en la vasija pintada, lo vistieron con el manto, el ceñidor y los adornos verdes, y recibió los colores, la piedra amarilla, la pintura y la tierra roja; así obtuvo las insignias reales de las demás casas y tribus, según decían nuestros abuelos, oh hijos míos. De este modo fue constituida la casa por nosotros los Ahpop, y lo mismo hicieron todos los guerreros en el lugar de su amanecer;

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[41b] Xamulumuxinak chic chupam rucakeribal; ox[c]hob [c]a chi ama[t] xcaker chiri, Co[c,]il vinak, Cakchiquel vinak, Tukuchee vinak; Ahkahal xahalatak ru cohol huyu, xe caker viri ox[c]hob chi ama[t]. Chuvi [c]a huyu Tohohil xcaker vi [c]eche vinak, chuvi [c]a huyu Camaneb xcaker vi Rabinale; ahiri [c]a xrah caker vi [c,]utuhile pa [c,]ala; xa maha tutzin ru [c]ak tok xcaker cuma ruchinamit.

[41b] así quedó establecido el señorío por los linajes y las tribus, que se multiplicaron allí donde les brilló la aurora. Tres ramas de nuestra nación vieron juntos el amanecer en un mismo lugar: los Zotziles, los Cakchiqueles y los Tukuchee, mientras que los Akahales estaban a corta distancia cuando amaneció a las tres ramas. En el lugar llamado Tohohil vieron su amanecer los Quichés; los de Rabinal lo vieron brillar en Zamaneb, y los Tzutuhiles buscaron su amanecer en Tzala. Pero los Tzutuhiles aún no habían terminado sus obras cuando salió el sol:

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[41c] Maqui [c]a xmecho chic chiri pa [c,]ala, xaxi[c]o chic chicah, chiri chuvi huyu chi [c]eletat, caktihaxic, xtzakovi el ri, cani xapon chila Xepoyom. Cani xe rucanah rahlabal ruchinamit, maqui xbanatah xuban, cani tah [c]ula xula[t]abeh ru chi choy xraho; cani xemacamo ruchinamit ok xi[c]o chi cah [t]u[t]ucot, ru halebal, xati vi nin chic ro[t]ebal xi[c]o chi cah xe a[c]axah ru chinamit. Quere[c]a x[c]ohe vican cooni [c,]ununaa, Tzololaa, Ahacheli, Vayca; rixcote can chi ya ru chinamit [c]hakap [c]a xbe ru[c]in.

[41c] no habían acabado de trazar sus lindes en Tzala cuando el astro se alzó en el cielo exactamente sobre el monte Geletat, esparciendo su luz a lo largo de su curso hasta ponerse en el lugar llamado Xepoyom. Al punto los guerreros dejaron inconclusos sus trabajos y acordaron ir a morar a las riberas del lago. En aquel tiempo las tribus se llenaron de espanto cuando cruzó por el cielo el águila de plumaje verde, Gucucot el encantador, y la tristeza cubrió como una sombra a los pueblos al oírlo pasar por el firmamento; así se apareció ante las mujeres de Tzununa, de Tzolola (Sololá), de Ahachel y de Vayza, cerniéndose sobre la ribera y llevándose consigo a la mitad de la gente.

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_Va [c]a ru pokonal quitzihe ok xe[c]ohe chiri._ 42. Kitzih vi chi pokon ok ix ka la[t]abeh xohul chi ka huyubal, quecha e oher ka mama, yx nu[c]ahol; xmani vi tipe vi techaax ti [c]ux ti vayx tu[c]aax, mani navipe tipe vi ti [t]uux ti chinax. Ronohel mani, xa ru hometal chee xoh [c]acevi, xa [c]a ti ka cek ru xe ka [c]hamey ti cuker vi ka [c]ux ruma.

Los padecimientos que sufrieron durante su morada allí. 42. En verdad fue un tiempo de gran penuria cuando vinimos a establecernos en nuestros montes, decían nuestros antiguos abuelos, oh hijos míos. No había qué comer ni había sazón para lo que habíamos traído, ni teníamos con qué tejer vestidos. Todo faltaba: nos alimentábamos de cortezas de árboles y descansábamos el corazón a la sombra de nuestras lanzas.

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[42b] Ha [c]a ri ok xtiquer avanuhic, xahari [t]ukutahinak vi chee [c]atinak xya vika yhatz, x[c]ohe vi halatak echa, ha navipe ri ka [t]u, xa rihlay, xa cakquiy xka [c]hay xka[t]uuh. Ha[c]a ri ok x[c]ohe halal echa, ti[c]o na ri chicop queh chicah titzak nape [c]hicuy, [c]ate tikatih halal vay, quecha oher vinak, mani navipe quixhayil ok xeul chiri.

[42b] Entonces la gente comenzó a labrar la tierra para sembrar el maíz: se desmontaron los bosques y se quemó la maleza para preparar las milpas. Así llegamos a tener un poco de alimento, y labrábamos la corteza de los árboles y el maguey para vestirnos. Cuando ya teníamos algún sustento, pasaron los gavilanes por el aire: primero arrebataron un pájaro y luego comieron de nuestro alimento, según cuenta la gente, sin que quedara nada tras su paso.

Fuente del texto original: Texto cakchiquel: Francisco Hernández Arana Xajilá, The Annals of the Cakchiquels, ed. Daniel G. Brinton (Filadelfia, 1885); dominio público, Project Gutenberg 20775. El texto coincide con esa edición. Traducción española y notas: Biblioteca Conciencia Activa, Edición 2.0 (2026).